Diócesis de Zárate – Campana

[image src=”http://obispadodezaratecampana.org/wp-content/uploads/2013/05/aniversario1.jpg” width=”431″ height=”576″ title=”Imposición de manos del entonces cardenal Jorge Mario Bergoglio, hoy Papa Francisco, en la ordenación episcopal de Mons. Oscar Sarlinga” lightbox=”no” align=”center”]

Hoy, 17 de mayo del 2013, se cumplen 10 años de la Consagración Episcopal de nuestro Obispo diocesano Mons. Oscar D. Sarlinga a quien saludamos con alegría. Rogamos al Señor para que lo guíe en su labor de ser Pastor, guía y luz para la iglesia particular de Zárate – Campana y en cualquier tarea que le espere.

El 12 de abril de 2003, el Sumo Pontífice Juan Pablo II designa a Oscar Sarlinga Obispo titular de Uzalis y auxiliar de la arquidiócesis de Mercedes-Luján. Recibe la consagración episcopal el 17 de mayo de 2003, en la Iglesia Catedral Basílica de Nuestra Señora de las Mercedes, siendo sus consagrantes principales Mons. Rubén Di Monte, Arzobispo de Mercedes-Luján, el Sr. Cardenal Jorge Mario Bergoglio, Arzobispo de Buenos Aires (hoy SS Francisco), y Mons. Emilio Ogñénovich, Arzobispo emérito de Mercedes-Luján.

El 3 de febrero de 2006 el Papa Benedicto XVI lo nombra obispo diocesano de Zárate-Campana (jurisdicción con más de 950.000 habitantes, la cual, además de los partidos homónimos, abarca también los partidos de Pilar, Escobar, Exaltación de la Cruz, San Antonio de Areco y Baradero). Tomó posesión de su nueva sede el 18 de febrero de 2006.

En cercanías a la celebración de Pentecostés, oramos por Mons. Oscar Sarlinga muy especialmente al Espíritu Santo:

 

¡Ven, Espíritu Divino!
(Secuencia de Pentecostés)


Ven, Espíritu Divino
manda tu luz desde el cielo.
Padre amoroso del pobre;
don, en tus dones espléndido;
luz que penetra las almas;
fuente del mayor consuelo.
Ven, dulce huésped del alma,
descanso de nuestro esfuerzo,
tregua en el duro trabajo,
brisa en las horas de fuego,
gozo que enjuga las lágrimas
y reconforta en los duelos.
Entra hasta el fondo del alma,
divina luz y enriquécenos.
Mira el vacío del hombre,
si tú le faltas por dentro;
mira el poder del pecado,
cuando no envías tu aliento.
Riega la tierra en sequía,
sana el corazón enfermo,
lava las manchas, infunde
calor de vida en el hielo,
doma el espíritu indómito,
guía al que tuerce el sendero.
Reparte tus siete dones,
según la fe de tus siervos;
por tu bondad y tu gracia,
dale al esfuerzo su mérito;
salva al que busca salvarse
y danos tu gozo eterno. Amén.

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