En la tarde del lunes 10 de noviembre se dio a conocer el Mensaje del Papa Francisco a la LXVII Asamblea General de la Conferencia Episcopal Italiana, que se celebra en Asís y que discute entre otros temas la formación de los presbíteros.
Hablando de los sacerdotes, el Papa Francisco escribe: «¡Cuántos con su testimonio han contribuido a atraernos a una vida de consagración! (…) Los hemos visto gastar la vida entre la gente de nuestras parroquias, educar a los jóvenes, acompañar a las familias, visitar a los enfermos en casa y en el hospital, hacerse cargo de los pobres, en la certeza que “separarse para no ensuciarse con los otros es la suciedad más grande” (L. Tolstoj).
Libres de las cosas y de sí mismos, nos recuerdan a todos que abajarse sin conservar nada es el camino para aquella altura que el Evangelio llama caridad; y que la verdadera alegría se saborea en la fraternidad vivida.
Los sacerdotes santos son pecadores perdonados e instrumentos de perdón. Su existencia habla la lengua de la paciencia y de la perseverancia; no han permanecido como turistas del espíritu, eternamente indecisos e insatisfechos, porque saben que están en las manos de Uno que no falta a las promesas y cuya Providencia hace que nada pueda jamás separarlos de tal pertenencia. Esta certeza crece con la caridad pastoral con la que rodean de atención y de ternura a las personas a ellos confiadas, hasta conocerlas una por una. (…)
Sacerdotes así no se improvisan: los forja el precioso trabajo formativo del Seminario y la Ordenación los consagra para siempre hombres de Dios y servidores de su pueblo. (…) La formación de la que hablamos es una experiencia de discipulado permanente, que acerca a Cristo y permite de conformarse cada vez más a Él. Por ello no tiene un término, porque los sacerdotes jamás dejan de ser discípulos de Jesús, de seguirlo. (…)
Por lo demás, hermanos, ustedes saben que no sirven sacerdotes clericales, cuyo comportamiento corre el riesgo de alejar a la gente del Señor, ni sacerdotes funcionarios que, mientras desarrollan un papel, buscan lejos de Cristo la propia consolación. (…)
Solamente quien se deja conformar al Buen Pastor encuentra unidad, paz y fuerza en la obediencia del servicio».
Fuente: www.news.va