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Diócesis de Zárate – Campana

Fundador de la Sociedad de María

Marcelino Champagnat nació en Lyon (Francia), en los comienzos de la revolución francesa, en 1789, y falleció contando cincuenta y un años, el seis de Junio de 1840. Fundó la Orden de los Hermanitos de María, o Maristas de la Enseñanza.

Su madre afirmó con llaneza que «lo eduqué, como a mis otros nueve hijos, con sencillez y lejos de los caprichos; le enseñé a hablar y a rezar». En el interior de esta afirmación se descubre la claridad de ideas y la vida recta de su buena madre; debió influir muy notablemente en su calidad de vida cristiana y ello estaba en los planes de Dios ya que nació en unos tiempos nada favorables para la coherencia de la fe.

Es admirable que una persona que no sabía ni leer ni escribir llegara a ser todo un modelo educativo.

Estudió sus tres últimos años en el seminario de Lyon; y se ordenó de sacerdote el 22 de Junio de 1816. Al día siguiente de la ordenación marchó con una docena de compañeros al santuario de Nuestra Señora de Fourvière y allí se consagraron a María, naciendo el compromiso de fundar la Sociedad de María.

Desde el principio tuvo clara la idea de la nueva fundación había de incluir una rama de Hermanos que dedicasen su vida a la enseñanza, trabajando con niños, principalmente con aquellos que por vivir en zonas rurales tuviesen menos oportunidades.

Vivió la caridad de un modo exquisito polarizado con la preocupación por instruir a la niñez y a la juventud, abierto al descubrimiento y aplicación de nuevas fórmulas para dar respuesta adecuada a las nuevas situaciones que se van presentando. Supo vivir su entrega a Dios poniendo remedio en aquello que de modo muy particular impide a los hombres el aprecio de su personal dignidad. Fue muy consciente de que la ignorancia es una de las peores lacras que soporta la humanidad; impide el reconocimiento de la propia dignidad, dificulta el descubrir de Dios y puede incapacitar para abrirse a los demás, haciendo, además, a las personas fácil objeto de manipulación por parte de los poderosos.

En menos de un siglo se extendió rápidamente por Europa el nuevo viento con una espiritualidad y modos concretos de entrega. Luego, se traspasó a otros continentes.

Con su canonización el día 18 de Abril del año 1999, a la caída del siglo, por el papa Juan Pablo II, queda reconocida y actualizada su obra, su compromiso educativo y espiritualidad. Es el reconocimiento del modo heroico de vivir la caridad un cristiano que desborda en frutos de bien social para todos.

– La educación de los niños –

Fuente: Estas y mas enseñanzas de este Santo en :

http://www.maristasjaen.es/Mch/docs/ensenanzas/txt.htm

Marcelino habló muchas veces sobre la educación de los niños, y habló porque le salía del corazón, porque él era un excelente educador. Distinguía muy bien la instrucción (para ello bastan maestros, decía), la catequesis (que se puede hacer sin necesidad de escuelas) y la educación o cultivo integral de toda la persona del niño. De alguna de sus charlas son estas ideas:
• Educar al niño es abrir su inteligencia.
Y esto significa que en el mundo de sus ideas, de sus saberes, van integrándose las manifestaciones del amor de Dios, su revelación salvadora sobre todo descubierta en Jesús y en los más necesitados.
• Educar al niño es formar su corazón.
Y en él la semilla de las buenas disposiciones, la acogida, la cordialidad, la generosidad, la sensibilidad frente al dolor y la necesidad ajena. Y en él el amor a Jesús, el cariño a María, la dicha de ser familia.
• Educar al niño es fortalecer su voluntad.
Construirla desde valores y principios auténticos; ayudarla con la bondad y la rectitud; reforzarla en la obediencia y la sumisión a quien manifiesta amor y cariño.
• Educar al niño es hacerle crecer en el amor a Dios.
Y para ello la formación en la oración, la alegría de ser cristiano, la esperanza, el perdón … Y, por otra parte, la lucha contra el egoísmo, la violencia, el mal que siempre nos rodea.
• Educar al niño es hacerle amar el trabajo.
Y con constancia, con disciplina, con orden … al servicio de la propia persona y de los demás.
• Educar al niño es apoyar su desarrollo físico.
En la fuerza y el vigor, en la salud y el buen crecimiento hay unos elementos muy importantes para la felicidad, que no se pueden olvidar en la educación.
Marcelino tiene otras muchas ideas en este campo, pero se podrían resumir en una frase suya que siempre ha estado en el corazón de todo marista: «para educar a los niños, hay que amarlos», lo que quiere decir que se educa porque se ama, y que educar es amar.

 

 

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