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Diócesis de Zárate – Campana

Domingo de Ramos – 29 de marzo

Queridos lectores les compartimos a continuación reflexiones de Mons. Sarlinga publicadas en su perfil de facebook el 28 y 29 de marzo. Las fotos corresponden a la celebración que presidió el domingo de Ramos por la mañana en la Catedral Santa Florentina.

Dejemos que el Señor Jesus nos renueve en su amor….
(…) Abramos el corazón para que se produzca una renovación en nuestras vidas. Jesús es el que era, el que es y el que vendrá. El tiempo y la eternidad son de El y nuestras vidas están insertas en ese misterio del tiempo y la eternidad de Jesús. De la mano de María la Virgen, Señor Jesús: tu que eres el que era, el que es y el que vendrá renueva nuestras vidas uniéndonos a Ti. Amén. (final de la Homilía de nuestro Obispo Oscar en la misa del domingo de Ramos – 29/3/15- Catedral Santa Florentina)

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 El “misterio de Dios” en el Domingo de Ramos. Nosotros, para “ver” este misterio, hemos de hacernos como niños.

Sí, en especial los niños del pueblo hebreo agitaban ramos, de olivo, de palma, en señal de fiesta, porque son los niños quienes tienen un corazón más puro, y por ello, en un sentido, “ven más”, “aceptan más”, dan un homenaje más amoroso y sentido.
Es por ello que el Señor nos ha exhortado a “hacernos como niños”, en sentido de purificar nuestro corazón, como en este día en que nos pide “verlo” en el Domingo de Ramos o de Pasión, más que como un “espectáculo religioso” (lo cual se convertiría más bien en una espectacular repetición en el calendario litúrgico), como una reactualización vivida, por obra del Espíritu, de ese Misterio del Señor.
Y esto al punto que cada uno de nosotros aquí presentes nos hacemos partícipes, como nuevo Pueblo de Dios, proclamando a Jesús, “Mesías”, el Cristo, nuestro Salvador.
+Oscar Sarlinga.

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“LA HORA DE DIOS”. Nuestra conciencia y voluntad en el Domingo de Ramos.
Será la ocasión de profundizar también nosotros hoy esa conciencia, de querer crecer en nuestra voluntad en ser heraldos, mensajeros del Mesías, de su Reino de alegría, paz, gozo en el Espíritu, de profundizar la conciencia de estar viviendo “la hora” de Dios, en la que se cumplieron las profecías de la venida del Príncipe de la paz (Cf Is. 9,6) en su triunfo incontenible y en su entrega total (Cf Lc 19,39-40).
Nos ayudará para esto, a vivir el camino a la Pascua (la litúrgica, y el camino a la Pascua eterna) la reconciliación. La interior, la profunda, que nos mueva al sacramento de la reconciliación, es decir, a la confesión, pues la necesitamos. En el itinerario a la Pascua todos necesitamos de la purificación para vivir la “hora de Dios”.
María, nuestra Madre, la Madre de Dios y Madre de la Iglesia, quien nunca nos abandona, nos guíe de la mano en este camino hacia la luz pascual.
+Oscar Sarlinga.

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Domingo de Ramos.
Que este acto litúrgico reavive nuestra fe, nuestra esperanza, anime nuestra caridad, y renueve nuestra vida, que se haga “vida”… haciéndonos “nuevas creaturas”. Nuestra fe, primero, cual “virtud-puerta”. Creemos en Dios, creemos en Cristo, su Hijo. Creemos en el Espíritu Santo. Le creemos a Jesús, como las almas piadosas luego de la resurrección de Lázaro, le creemos, en su ingreso triunfal y humilde como Mesías en Jerusalén. Creemos en Él, siendo «signo de contradicción» (Luc. 2, 34). Creemos en Él, pues su gloriosa Resurrección cambió para siempre los destinos del mundo y de la humanidad.

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Hacernos como niños, para VerLo…
Y Jesús, ¿qué veía en el Domingo de los Ramos?. Pensemos entonces que en este día en que se jugaban los destinos de la redención, más que la gloria de la aclamación, Jesús veía su entrega para la redención. Jesús, el Maestro, sabio, misericordioso, peregrinante en la Palestina de entonces, que obró milagros, tuvo en su misma entrada triunfal la conciencia de ser el Salvador prometido y a la vez la conciencia de la Cruz.
Nosotros, para “ver” este misterio, hemos de hacernos como niños. Sí, en especial los niños del pueblo hebreo agitaban ramos, de olivo, de palma, en señal de fiesta, porque son los niños quienes tienen un corazón más puro, y por ello, en un sentido, “ven más”, “aceptan más”, dan un homenaje más amoroso y sentido. Es por ello que el Señor nos ha exhortado a “hacernos como niños”, en sentido de purificar nuestro corazón, como en este día en que nos pide “verlo” en el Domingo de Ramos o de Pasión, más que como un “espectáculo religioso” (lo cual se convertiría más bien en una espectacular repetición en el calendario litúrgico), como una reactualización vivida, por obra del Espíritu, de ese Misterio del Señor. Y esto al punto que cada uno de nosotros aquí presentes nos hacemos partícipes, como nuevo Pueblo de Dios, proclamando a Jesús, “Mesías”, el Cristo, nuestro Salvador.
+Oscar Sarlinga.

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El Rey rechazado revestido de “vivos rojos”.

El Rey de Paz fue rechazado por muchos; rechazado por el inicio sistema romano; rechazado por cierta muchedumbre de entre el Pueblo. Misterio de Piedad de muchos; misterio de iniquidad de muchos también, expresado el tormento de la Cruz, patíbulo del sistema romano. Pero desde esa Cruz de Misericordia infinita derramada, vino el triunfo total, el de la Resurrección, el de la Ascensión, el del Envío del Espíritu Santo en Pentecostés, que inauguró el “tiempo de la Iglesia”. Por eso este rojo vivo es el color litúrgico del Descenso del Espíritu, y el color del martirio, del supremo testimonio de ese Amor inmenso.

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“Bendito el “Rey” que viene”.
Predomina el colorido, lo festivo, los ramos que se levantan cual signo de ovación. Observemos, sin embargo, que el vistoso color rojo vivo de los ornamentos, más que el ostensible color de los reyes o de los emperadores, fue el colorido revistiente de Jesús burlado con el “manto real”, el manto “del Rey” que reinaría desde la ignominia de una Cruz. Por eso también le ciñieron la cabeza con la corona “real” de espinas y le dieron como cetro la caña. Fue Pilato, juez inicuo, quien sin embargo hiciera dejar el “título” sobre la Cruz, que lo reconocía “Rey”. Un Rey, no como los de este mundo, sino un Rey cuyo Reino es de Paz, Amor Justicia, de Vida y Verdad. Un Rey pacífico, humilde, que llegó a su pueblo montado sobre la cría de una asna, como lo profetizó Zacarías.
+Oscar

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También en el Domingo de Ramos… resuenan las palabras del Señor: “si ustedes no se hacen como niños no entrarán en el Reino de los Cielos”… 
Aclamemos hoy a nuestro Señor, como lo hicieron los niños hebreos que acudieron aclamando al Señor, con inmenso cariño, con amor: ¡Bendito el que viene!. 
¡Cómo habrá prevalecido el clamor de los niños y de los puros de corazón, sobre el rumor de la muchedumbre, sobre la ira de quienes odiaban a Jesús, como habrá prevalecido ese día el clamor del Hosanna al nuevo Hijo de David (Cf Mt. 21, 15).
Revivamos hoy ese Misterio, en y desde la fe.
+Oscar.
Perfil de facebook de Monseñor Sarlinga:

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