Papa Francisco es el primer pontífice religioso después de 182 años de Santa Romana Iglesia. El primer pontífice jesuita escribe una carta a los religiosos del mundo en ocasión del año de la Vida Consagrada que ha iniciado el 30 de noviembre y terminará el 2 de febrero 2016 con la fiesta de la Presentación de Jesús en el tempo.
El mensaje llega después de la Audiencia del 27 de noviembre concedida a los participantes de la Plenaria de la Congregación para los Institutos de vida consagrada y la Sociedad de vida apostólica.
Los objetivos del Año son los mismos propuestos por Juan Pablo II al inicio del tercer milenio, proponiendo de alguna manera las enseñanzas de la Exhortación pot-sinodale Vita consecrata, en la cuál se invita a recordar la gloriosa historia de los discípulos de Cristo y su misión en el tercer milenio.
La misiva también recuerda el 50 aniversario de la Constitución dogmática Lumen gentium sobre la Iglesia y del Decreto Perfectae caritatis. Así, el Papa Francisco ha indicado los objetivos reiterados para este año para los religiosos.
Pasado para mantener la identidad
Para vivir plenamente año de la Vida Consagrada, aseguró el Santo Padre, es necesario mirar el pasado con gratitud, vivir el presente con pasión y abrazar con esperanza el futuro.
Francisco pidió a los consagrados de tener en cuenta el pasado no para “hacer arqueología o cultivar nostalgias inútiles” sino para “mantener viva la identidad” y fortalecer la unidad.
El pasado también para salir de “incoherencias, fruto de las debilidades humanas, a veces quizá también el olvido de algunos aspectos esenciales del carisma”.
Presente para entender la realidad del Evangelio
Observar el presente sirve para entender el Evangelio para la vida y las elecciones de cada día. El Pontífice explica: “Jesús nos pide actuar, vivir sus palabras”. Además, “el Año de la Vida Consagrada nos interroga sobre la fidelidad a la misión que se nos ha confiado”, para debatir si las obras cumplidas “responden a cuanto el Espíritu ha pedido a nuestros fundadores”.
“Vivir el presente con pasión -continuó- significa convertirse en expertos de comunión”. En en este sentido, agregó: “en una sociedad del enfrentamiento, de la convivencia difícil entre culturas diferentes, de la opresión sobre los más débiles, de las desigualdades”, es importante ver “un modelo concreto de comunidad” basado en “relaciones fraternas” respetando “la mística del encuentro”.
El Futuro está lleno de obstáculos pero no desanimarse
En el realismo de Francisco están los problemas que enfrenta la vida consagrada: “La disminución de las vocaciones y el envejecimiento, los problemas económicos de la crisis financiera mundial, la internacionalización y la globalización, el relativismo, la marginación, la irrelevancia social…”
No obstante, pidió esperanza, la cual ”no se funda en números u obras, sino en Aquel en el hemos puesto nuestra confianza y para el que nada es imposible”.
El Pontífice recomienda “no cedan ustedes a las tentaciones de los números y de la eficiencia, y menos aún a la de confiar en las propias fuerzas”. En la carta el Papa pone su atención a los jóvenes religiosos, que son el “presente”, porque pueden dar “una contribución determinante con la frescura y la generosidad” de la vocación, y proyectada al futuro porque “pronto ustedes están llamados a tomar en sus manos la guía de la animación, de la formación, del servicio, de la misión”.
Cómo vivir este año de gracia
En la parte sucesiva de la misiva, el Santo Padre pregunta: ¿Qué me espero en particular de este Año de gracia de la Vida consagrada?” Sobre todo, afirma, “que sea siempre verdadero que donde hay religiosos hay alegría”.
En este sentido aseguró “estamos llamados a mostrar que Dios es capaz de colmar nuestro corazón y de hacernos felices, sin necesidad de buscar más allá nuestra felicidad”.
Un alegría capaz de “la auténtica fraternidad vivida en nuestra comunidad” y persiguiendo el “don total en el servicio de la Iglesia, de las familias, de los jóvenes, de los ancianos, de los pobres”.
Precisamente recuerda que para enfrentar los males de la sociedad y del mundo san Pablo asegura: “Cuando soy débil, es entonces que soy fuerte”.
Alegría del Evangelio y la misión
Entretanto, recordó a los religiosos que “la Iglesia no crece por proselitismo, sino por atracción”, Por ende, ”la vida consagrada no crece si organizamos campañas vocacionales bonitas, sino si los jóvenes que nos ven se siente atraídos por nosotros, si nos ven hombre y mujeres felices”.
Una alegría para despertar el mundo y la misión. Así, la levadura para una sociedad inspirada en el Evangelio también se debe encontrar en “monasterios, comunidades, centros de espiritualidad, ciudadelas, escuelas, hospitales, casas-familia”.
Comunión fraterna y respeto recíproco
El Papa no se cansa de pedir que el centro sea la comunión en las respectivas comunidades e Institutos. De tal manera, ha pedido rechazar “críticas, chismes, envidias, celos, antagonismos que destruyen la comunión. Por otro lado, invitó a la comunión “plena en la acogida y la atención recíproca, la comunión de bienes materiales y espirituales, la corrección fraterna y el respeto de las personas más débiles”.
Posteriormente, esa comunión presente en el propio Instituto, se abre al exterior, considerando la relación entre personas de culturas diferentes y el don de la diversidad de los miembros. “¿No podría ser este Año la ocasión para salir con mayor valentía de los confines de los propios Institutos para elaborar juntos, a nivel local y global, proyectos comunes de formación, de evangelización, de intervenciones sociales?”, indicó Francisco. Y confirma que así “la Iglesia puede curarse “de la enfermedad de la autoreferencialidad”.
Salir a las periferias
Para ello pidió, salir de sí mismos, para ir a las periferias existenciales.”Hay una humanidad entera que espera”, entre ellas “familias en dificultad, niños abandonados, jóvenes a los que se les embarga cualquier futuro, enfermos y ancianos abandonados, ricos saciados de bienes y con vacío en el corazón, hombres y mujeres en búsqueda del sentido de la vida, sediento de lo divino…”.
El Año de la Vida Consagrada junto a los laicos
El Pontífice, en la tercera parte exhorta a los laicos que, junto a los consagrados pueden compartir “ideales, espíritu y misión”.
Papa Francisco ha pedido al pueblo de Dios que “sea cada vez más consciente del don que es la presencia de tantos consagrados y consagradas, herederos de grandes santos que han hecho la historia del cristianismo”.
En la misiva ha indicado el Año de la Vida Consagrada como una oportunidad para reconocer “los dones recibidos y que aún recibimos”.
Por último ha pedido a los pastores promover los distintos carismas, “apoyando, animando, ayudando en el discernimiento, haciéndose cercanos con ternura y amor a las situaciones de sufrimiento y de debilidad en las cuales puedan encontrase algunos consagrados”. Todo porque “la belleza y la santidad” de la vida consagrada puedan resplandecer en toda la Iglesia
Fuente: www.aleteia.org
El Logo del Año de la Vida Consagrada – Su significado
Logo en italiano

Logo en español
Vita consecrata in Ecclesia hodie. Evangelium, Prophetia, Spes.
Una paloma sostiene levemente sobre su ala un globo poliédrico, mientras se posa sobre el fluir de las aguas de las que se levantan tres estrellas, custodiadas por la otra ala.
El Logo para el año de la vida consagrada, expresa por medio de símbolos los valores fundamentales de la vida consagrada. En ella se reconoce la «obra incesante del Espíritu Santo, que a lo largo de los signos difunde las riquezas de la práctica de los consejos evangélicos a través de múltiples carismas, y que también por esta vía hace presente de modo perenne en la Iglesia y en el mundo, en el tiempo y en el espacio, el misterio de Cristo» (VC 5).
El signo gráfico que dibuja el perfil de la paloma corresponde en árabe a la palabra Paz: una llamada a la vocación de la vida consagrada para que sea ejemplo de reconciliación universal en Cristo.
Los símbolos en el Logo
La paloma sobre las aguas.
La paloma pertenece a la simbología clásica para indicar la acción del Espíritu Santo fuente de vida e inspirador de creatividad. Es una referencia a los comienzos de la historia: en el principio, el Espíritu de Dios aleteaba sobre las aguas (cfr. Gen 1,1). La paloma, que planea sobre un mar hinchado de vida sin expresar, recuerda la fecundidad paciente y confiada, mientras que los signos que la rodean revelan la acción creadora y renovadora del Espíritu. La paloma evoca además la consagración de la humanidad de Cristo en el bautismo.
Las aguas formadas por piezas de mosaico, indican la complejidad y la armonía de los elementos humanos y cósmicos, que el Espíritu hace “gemir” según los misteriosos designios de Dios (cfr. Rm 8,27), para que converjan en el encuentro acogedor y fecundo que lleva a una nueva creación, aunque estén amenazados por un mar de hostilidades – la paloma vuela sobre las aguas del diluvio (Gn 8, 8-14). Los consagrados y las consagradas en el signo del Evangelio – desde siempre peregrinos entre los pueblos también por las vías del mar – viven su variedad carismática y diaconal como “buenos administradores de la multiforme gracia de Dios” (1Pd 4,10); marcados por la Cruz de Cristo hasta el martirio, habitan la historia con la sabiduría del Evangelio, llevando la Iglesia a que abrace y sane todo lo humano en Cristo.
Las tres estrellas.
Recuerdan la identidad de la vida consagrada en el mundo: como confessio Trinitatis, signum fraternitatis e servitium caritatis. Expresan la circularidad y la relación del amor trinitario que la vida consagrada trata de vivir cada día en el mundo, en el signo de la fraternidad. Las estrellan indican también el triple sello áureo con el que la iconografía bizantina honra a María, la toda Santa, primera Discípula de Cristo, modelo y patrona de toda vida consagrada.
El globo poliédrico.
El pequeño globo poliédrico significa el mundo con la variedad de pueblos y culturas, como afirma el Papa Francisco (cfr EG 236). El soplo del Espíritu lo sostiene y lo conduce hacia el futuro. Invitación a los consagrados y a las consagradas a que sean “portadores del Espíritu (pneumatophóroi), hombres y mujeres auténticamente espirituales, capaces de fecundar secretamente la historia” (VC 6).
El Lema.
Vita consecrata in Ecclesia hodie. Evangelium, Prophetia, Spes
El lema da un ulterior relieve a identidad y horizontes, experiencia e ideales, gracia y camino que la vida consagrada ha vivido y sigue viviendo en la Iglesia como pueblo de Dios, en el peregrinar de las gentes y de las culturas, hacia el futuro.
Evangelium: indica la norma fundamental de la vida consagrada que es la «sequela Christi tal y como la propone el Evangelio” (PC 2a). Primero como «memoria viviente del modo de actuar y de existir de Jesús” (VC 22), después como sabiduría de vida en la luz de los múltiples consejos que el Maestro propone a los discípulos (cfr LG 42). El Evangelio da sabiduría orientadora y gozo (EG1).
Profetia: indica el carácter profético de la vida consagrada que se configura “como una forma de especial participación en la función profética de Cristo, comunicada por el Espíritu Santo a todo el Pueblo de Dios” (VC 84). Es posible hablar de un auténtico ministerio profético, que nace de la Palabra y se alimenta de la Palabra de Dios, acogida y vivida en las diversas circunstancias de la vida. La función se explicita en la denuncia valiente, en el anuncio de nuevas “visitas” de Dios y “en el escudriñar nuevos caminos de actuación del Evangelio para la construcción del Reino de Dios” (ib.).
Spes: recuerda el cumplimiento último del misterio cristiano. Vivimos en tiempos de extendidas incertidumbres y de escasez de proyectos de amplio horizonte: la esperanza muestra su fragilidad cultural y social, el horizonte es oscuro porque “parece haberse perdido el rastro de Dios” (VC 85). La vida consagrada tiene una permanente proyección escatológica: testimonia en la historia que toda esperanza tendrá la acogida definitiva y convierte la espera “en misión para que el Reino se haga presente ya ahora” (VC 27). Signo de esperanza, la vida consagrada se hace cercanía y misericordia, parábola de futuro y libertad de toda idolatría.
“Animados por la caridad que el Espíritu Santo infunde en los corazones” (Rm 5,5) los consagrados y las consagradas abrazan pues el universo y se convierten en memoria del amor trinitario, mediadores de comunión y de unidad, centinelas orantes en la cresta de la historia, solidarios con la humanidad en sus afanes y en la búsqueda silenciosa del Espíritu.
Fuente: www.vatican.va
