Ordinariamente se celebra el día de Jueves Santo. Por la dificultad de la asistencia de los sacerdotes de las diferentes parroquias de nuestro vasto territorio, se celebra los miércoles por la tarde en nuestra diócesis.
Usos y efectos de los Santos Oleos
+ Óleo de los catecúmenos: se extiende el efecto de los exorcismos, se habla de fortaleza en la lucha de la vida cristiana, a la que los catecúmenos se preparan al recibir el bautismo.
+ Óleo de los enfermos: confiere a los enfermos, como atestigua la carta de Santiago (5, 14-16) el remedio de la enfermedad, para que sean aliviados físicamente y les sea restituida la salud.
+ El Crisma es el óleo consagrado que tiene mayor riqueza de significados y que lo encontramos en varias celebraciones y sacramentos. Es materia esencial de la confirmación, es rito complementario-explicativo en el
bautismo. Se emplea en las ordenaciones de obispos, en la cabeza, y de los presbíteros, en las palmas de las manos. También se usa en la dedicación y consagración de una iglesia y de un altar.
La característica común, al bendecir y consagrar el óleo, es la de ser medicina, remedio y aliento para nuestros cuerpos, paz y alegría para nuestros rostros, y renovación, conversión y signo para nuestro espíritu.
Comenzó saludando a todos los presentes: “Queridos hermanos y hermanas, especialmente queridos sacerdotes, diáconos, seminaristas, consagrados, religiosas consagradas, todo el pueblo sacerdotal reunido.”
Prosiguió refiriendo a la lectura escuchada sobre el libro del Apocalipsis 1, 8 “ Yo soy el Alfa y la Omega, dice el Señor Dios, Aquel que Es, que era y que ha de venir, el Todopoderoso.” Explicó: “El es Jesús, glorioso y triunfador sobre el pecado y la muerte. Este trozo que precede en el libro del Apocalipsis, se refiere a la visión de Jesucristo, que es la introducción a todo el libro. (…) Jesús es el cordero sentado en el trono, el que gano con su sangre, como el siervo doliente. La visión nos presenta a Jesús como Señor de la gloria y de la historia, y de nuestra historia.
Fíjense en esta dinámica del siervo doliente, cordero degollado, el Cristo cuya grandeza el libro del Apocalipsis describe como alusión al libro del Éxodo y del profeta Daniel. Estas profecías de Israel lo presentan a Jesús , como el Mesías sacerdotal, sabio y eterno; que tiene en sus manos el destino de sus pueblos, que tiene en sus manos las 7 estrellas. Jesús esta en medio de su comunidad, la Iglesia (como la Menorah en la liturgia judía- el candelabro de siete brazos -de la que somos herederos como el nuevo pueblo de Israel) .
(..) Todo esto se da a través de la Pasión, Muerte y Resurrección. Jesús dice de si mismo: “El Espíritu de Dios esta sobre mi, porque el me ha ungido”. Hoy podríamos meditar que no está estáticamente ungido, esta ungido para, ungido hacia. El Espíritu así enciende en la unción que comienza con la voz del padre en el Bautismo del Señor y que se consuma en la Cruz. La unción sacerdotal, el sumo sacerdote de la nueva alianza, cuya chispa, cuya misión es encendida…..entonces cuando proclama ser ungido, lo es para los mas pobres, para los anawin, para sanar los corazones heridos, para construir. Como dijo el Papa Francisco : Confesar a Jesucristo el ungido y caminar con El, ser ungidos “hacia”.
¿Qué reacciones suscitó Jesús en ese momento –entre sus contemporáneos- y que reacciones suscita hoy esta unción? (…) Se preguntaban entonces acerca de El ¿y este quien se ha creído que es? – cumpliéndose asi la tradición que ya habia anticipado que no se sabria de donde provendría el Mesias- (…) …Hoy nosotros también nos preguntamos, aquí congregados como pueblo sacerdotal ¿Quién es este a quien le hemos entregado nuestra vida ? Jesús el que tiene en sus manos el destino de los pueblos (…) Le hemos entregado nuestra vida , para Dios , para el pueblo sacerdotal porque creemos que el Jesús es la Epifania del Padre, hermano mayor entre hermanos, junto con el Padre, dador del Espíritu, hijo de María Virgen, madre de la Iglesia, el Señor a quien le hemos dado nuestra existencia y nuestro caminar, a quien le hemos dado la llama votiva de nuestra fe: para Dios para el pueblo (…) “