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Diócesis de Zárate – Campana

Homilía de Mons. Pedro Laxague en la Toma de Posesión de la Diócesis de Zárate-Campana (Desgrabación)

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Campana, 19 de diciembre de 2015, Catedral Santa Florentina.

Tres cosas voy a decir de las tres lecturas:

En la Primera Lectura: El profeta Miqueas dice hablando de Jesús: “El se mantendrá de pie y los apacentará, y ellos habitarán tranquilos.” Qué lindo meditar esta frase hoy, en este día, un día santo para esta iglesia de Zárate -Campana porque el Señor se hace visible a través de este Obispo que les tocó. Este Obispo está parado delante de ustedes, para que ustedes estén tranquilos.

En la Segunda Lectura: En el libro de los Hechos, dice el Señor que Él no quiere sacrificios, que Él nos dio el cuerpo, nuestra persona, y eso es lo que tenemos que valorar. Cada uno es el don de Dios, y el don de Dios, que tiene que ser agradable a Él, y también tiene que ser don de Dios, para los demás, sino estamos fallando. Esto es lo que nos pide el Señor, y nos dice con tanta fuerza y claridad. Y entonces dije: “Dios aquí estoy, yo vengo como está escrito en el libro de la Ley, para hacer tu voluntad”.

Créanme hermanos que hace un tiempo me da vueltas esta frase: el Señor pide que yo me ponga entero de pie con ustedes, para caminar juntos, porque el que está de pie está pronto a salir, a caminar…Yo no vengo a sentarme aquí y esperar, sino que quiero salir. Quiero dar mi vida aquí, dejé todo allá, me costó mucho… A veces el corazón estaba tan apretado que saltaban las lágrimas por los ojos, pero es bueno, porque lubrica un poco todo el sistema.

Hoy quiero darme todo a ustedes, porque lo dice el Señor, eso es lo que me pidió, sal de tu tierra Pedro, “Sal de tu tierra Abraham” decía la Escritura. La diferencia que Abraham se llevó toda su familia, sus ovejas, sus perros, sus gatos, los juguetes de los chicos, todo se llevaba. Salió, pero él no iba a otra parte de la Iglesia, a otra porción de la Iglesia, él era la Iglesia naciente. En cambio yo, dejé un sector de la Iglesia, la de Bahía Blanca, donde estuve 24 años como Sacerdote y Obispo Auxiliar y vengo a este sector. No cambio de Iglesia, seguimos todos en Comunión con el Señor, eso es lo bueno. Por eso vengo sin nada, pero estoy entero y todo para ustedes. Recuérdenlo porque por ahí uno esas cosas las dice y después se olvida, ustedes son testigos para recordármelo, acá queda todo filmado, grabado.

El Evangelio habla de ese cuerpo que tenemos que poner, no ideas, no escritos nada más, nuestras vidas, nuestras personas. Por eso dice, durante su embarazo…el embarazo es un cuerpo que se va formando en el seno de la mamá, en el embarazo de María, Cristo toma su cuerpo para poder ser útil a sus hermanos. Cada uno es indispensable para los demás, nadie es inútil, nadie es descartable, todos somos muy importantes a los ojos de Dios. Si somos importantes a los ojos de Dios, tenemos que serlo también a nuestros ojos.

Este tiempo de Navidad en que María tenía un montón de excusas para quedarse en su casa ¿Que hizo María? Partió raudamente a visitar a su prima, no puso ninguna objeción. Esto a mí me ayudó mucho también: yo tenía un montón de tareas pendientes, sin resolver, muchos me decían quedate… Los bahienses que vinieron ahora me animaron mucho, al principio les costó, como a mí, y después fueron entendiendo, me escribieron cosas muy lindas que me han ayudado mucho y me han dado fuerzas. Yo deje estas cosas que van a seguir haciéndose porque hay otras personas que se ocupan, y mejor que yo. Vengo acá a sumarme a ustedes, a estar de pie con ustedes, a escucharlos, a estar cerca de ustedes, de todos. Nadie es más importante que el otro, somos todos iguales a los ojos de Dios, y como hermanos en la fe, tenemos que tratarnos todos como iguales: ¡tengámoslo bien claro! Pongamos nuestra vida de pie, en marcha, como nos dice el Señor, y salgamos al encuentro del hermano: todos, como Iglesia, como comunidad.

(Agradecimiento  a los prelados presentes).

El Papa Francisco me dijo el 5 de octubre que me iba a pedir una misión muy especial, no me dijo dónde iba a ir. Pero yo entendí que me iba a ir de Bahía. A la noche, ya empezado el Sínodo de la Familia, me puse a recordar todo esto que había vivido durante el día, y se me cruzó por la mente y sin saber nada, que venía a Zárate-Campana (…) Vengo a seguir caminando con ustedes, acompañándolos en sus alegrías, tristezas y problemas que tengan. Yo voy a escuchar a todos, pero no vengo acá como un fiscal para investigar nada, vengo como Pastor para caminar con ustedes, de hoy en adelante.

(Da gracias al padre Justo Rodríguez Gallego y a otros sacerdotes por  la presencia).

Concluye pidiendo oración por los tres pastores que tuvo la diócesis de Zárate- Campana (…).

“Recen por mí, como pide siempre el Papa Francisco.”

Saludo de Bienvenida al Nuevo Obispo de la diócesis por parte de Mons. Justo Gallego

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El inicio del ministerio pastoral de monseñor Pedro María Laxague suscita en mí una gran alegría porque en este tiempo de Administrador Diocesano mi misión (muy en sintonía con el tiempo de Adviento que vivimos) era preparar el camino, anunciar como amigo del Esposo su llegada. Y el obispo, sacramento de Cristo Buen Pastor, ya está entre nosotros.

Pero tengo la certeza de que esta alegría es igualmente compartida por ustedes que nos están acompañando, por todo el Pueblo de Dios, por los sacerdotes, religiosos, consagrados y por los miembros de las instituciones, movimientos y asociaciones de nuestra diócesis, por todos los fieles laicos. Incluso los que no han podido venir como los enfermos o más débiles también participan de esta alegría.

Este gozo que experimentamos es el gozo de la fe, este don precioso de Dios que nos hace vivir en la certeza de que el obispo, de manera eminente y visible, hace las veces del mismo Cristo, Maestro, Pastor y Sacerdote, y actúa en su nombre(LG 21). Esta familia que es la Iglesia, presente en nuestra querida diócesis de Zárate-Campana, experimenta hoy que está completa porque su padre, el obispo, preside la Eucaristía en la que estamos participando.

Querido Mons. Pedro, a la vez que expresamos la alegría de la fe, también manifestamos el deseo de caminar juntos, guiados y acompañados por su persona y ministerio, para que podamos ser una iglesia misionera que muestra al mundo el rostro misericordioso de Dios, una iglesia que como nos dice el Papa Francisco, sea hospital de campaña, en el cual, como buenos samaritanos, podamos atender a tantas personas golpeadas que han quedado al borde del camino de la vida.

Desde que supimos que el Papa Francisco lo designó como nuestro obispo rezamos por usted y su ministerio entre nosotros; lo seguiremos haciendo para que como su nombre mismo nos dice – Pedro – podamos vivir asentados en la Roca de la fe y sepamos construir una iglesia madre, como su segundo nombre, María, nos recuerda. Este año la Navidad, para nuestra diócesis, tiene el regalo añadido de su presencia entre nosotros. Bienvenido a esta casa – familia que desde hoy es la suya.

 

 

 

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