{"id":5815,"date":"2014-05-26T16:10:22","date_gmt":"2014-05-26T19:10:22","guid":{"rendered":"http:\/\/obispadodezaratecampana.org\/?p=5815"},"modified":"2014-05-26T16:10:22","modified_gmt":"2014-05-26T19:10:22","slug":"25-de-mayo-francisco-el-fundamento-de-la-fe-nos-une","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/obispadodezaratecampana.org\/?p=5815","title":{"rendered":"25 de mayo: Francisco: &#8220;El fundamento de la fe nos une&#8221;"},"content":{"rendered":"<p>La celebraci\u00f3n ecum\u00e9nica en el Santo Sepulcro de Jerusal\u00e9n clausur\u00f3 solemnemente el segundo d\u00eda de la peregrinaci\u00f3n del Papa Francisco en Tierra Santa. El Obispo de Roma y el patriarca Bartolom\u00e9 I de Constantinopla se encontraron, primero privadamente en la Delegaci\u00f3n Apost\u00f3lica de Jerusal\u00e9n. Al t\u00e9rmino del encuentro y tras el intercambio de dones ambos firmaron una Declaraci\u00f3n conjunta que sell\u00f3 el momento central y el objetivo de esta peregrinaci\u00f3n a la Tierra de Jes\u00fas, con el que se conmemor\u00f3 el 50 aniversario del hist\u00f3rico encuentro entre el Papa Pablo VI y el patriarca ortodoxo Aten\u00e1goras en 1964.<br \/>\nLuego, ambas delegaciones se trasladaron al Santo Sepulcro. El Papa Francisco entr\u00f3 en la plaza a trav\u00e9s de la Puerta del Murist\u00e1n, mientras que el patriarca Bartolom\u00e9 lo hac\u00eda por la Puerta de santa Elena. Ambos se encontraron en el centro de la plaza y se estrecharon en un abrazo fraterno que culmin\u00f3 con un jubiloso repique de campanas.<br \/>\nEn la celebraci\u00f3n ecum\u00e9nica participaron los Ordinarios Cat\u00f3licos en Tierra Santa, el arzobispo copto, el sirio, el et\u00edope, los obispos anglicano y luterano y otros obispos. Tambi\u00e9n estuvieron presentes los C\u00f3nsules Generales de los pa\u00edses que rigen el Statu quo de la Ciudad Santa. El Papa y el Patriarca Ecum\u00e9nico veneraron simult\u00e1neamente la Piedra de la Unci\u00f3n, en el atrio de la bas\u00edlica, lugar seg\u00fan la tradici\u00f3n, donde Jes\u00fas tras la deposici\u00f3n de la cruz fue ungido con \u00f3leos. Despu\u00e9s de la proclamaci\u00f3n del Evangelio tuvo su discurso del Patriarca Bartolom\u00e9 I y a continuaci\u00f3n el Papa pronunci\u00f3 su homil\u00eda.<br \/>\nEl Papa hizo alusi\u00f3n primero al significado del lugar del encuentro: \u201cel lugar de donde sali\u00f3 el anuncio de la resurrecci\u00f3n, el fundamento de la fe que nos une: somos hombres y mujeres de resurrecci\u00f3n, no de muerte\u201d, dijo. \u201cNo hagamos o\u00eddos sordos al fuerte llamamiento a la unidad que resuena precisamente en este lugar\u201d.<br \/>\n\u201cCiertamente, no podemos negar las divisiones que todav\u00eda hay entre nosotros, disc\u00edpulos de Jes\u00fas: este lugar sagrado nos hace sentir con mayor dolor el drama. Y, sin embargo, cincuenta a\u00f1os despu\u00e9s del abrazo de aquellos dos venerables Padres, hemos de reconocer con gratitud y renovado estupor que ha sido posible, por impulso del Esp\u00edritu Santo, dar pasos realmente importantes hacia la unidad. Somos conscientes de que todav\u00eda queda camino por delante para alcanzar aquella plenitud de comuni\u00f3n que pueda expresarse tambi\u00e9n compartiendo la misma Mesa eucar\u00edstica, como ardientemente deseamos; pero las divergencias no deben intimidarnos ni paralizar nuestro camino\u201d.<br \/>\n\u201cDebemos pensar -dijo Francisco- que, igual que fue movida la piedra del sepulcro, as\u00ed pueden ser removidos todos los obst\u00e1culos que impiden a\u00fan la plena comuni\u00f3n entre nosotros. A este respecto, el Pont\u00edfice renov\u00f3 la voluntad ya expresada por sus Predecesores:<br \/>\n\u201cmantener un di\u00e1logo con todos los hermanos en Cristo para encontrar una forma de ejercicio del ministerio propio del Obispo de Roma que, en conformidad con su misi\u00f3n, se abra a una situaci\u00f3n nueva y pueda ser, en el contexto actual, un servicio de amor y de comuni\u00f3n reconocido por todos\u201d.<br \/>\nRecord\u00f3 tambi\u00e9n, el Pont\u00edfice, a toda la regi\u00f3n de Oriente Medio, desgraciadamente lacerada con frecuencia por la violencia y los conflictos armados. Y no olvid\u00f3 tampoco a tantos hombres y mujeres que, en diversas partes del mundo, sufren a causa de la guerra, de la pobreza, del hambre; as\u00ed como de los numerosos cristianos perseguidos por su fe en el Se\u00f1or Resucitado. \u201cCuando cristianos de diversas confesiones sufren juntos -dijo-, se realiza el ecumenismo del sufrimiento, se realiza el ecumenismo de sangre, que posee una particular eficacia, tambi\u00e9n para toda la Iglesia\u201d.<br \/>\n&#8220;Santidad, querido Hermano, queridos hermanos todos, dejemos a un lado los recelos que hemos heredado del pasado y abramos nuestro coraz\u00f3n a la acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo, el Esp\u00edritu del Amor (cf. Rm 5,5) y de la Verdad (cf. Jn 16,13), para marchar juntos hacia el d\u00eda bendito en que reencontremos nuestra plena comuni\u00f3n&#8221;.<\/p>\n<p><em>Palabras del Papa Francisco:Santidad,<\/em><br \/>\n<em>Querid\u00edsimos hermanos obispos, Querid\u00edsimos hermanos y hermanas.<\/em><br \/>\n<em>En esta Bas\u00edlica, a la que todo cristiano mira con profunda veneraci\u00f3n, llega a su culmen la peregrinaci\u00f3n que estoy realizando junto con mi amado Hermano en Cristo, Su Santidad Bartolom\u00e9. Peregrinamos siguiendo las huellas de nuestros predecesores, el Papa Pablo VI y el Patriarca Aten\u00e1goras, quienes, con coraje y docilidad al Esp\u00edritu Santo, hicieron posible, hace cincuenta a\u00f1os, en la Ciudad Santa de Jerusal\u00e9n, el encuentro hist\u00f3rico entre el Obispo de Roma y el Patriarca de Constantinopla.<\/em><br \/>\n<em>Saludo cordialmente a todos los presentes. De modo particular, agradezco vivamente, por haber hecho posible este Encuentro, a Su Beatitud Te\u00f3filo, que ha querido dirigirnos gentiles palabras de bienvenida, como as\u00ed tambi\u00e9n a Su Beatitud Nourhan Manoogian y al Reverendo Padre Pierbattista Pizzaballa.<\/em><br \/>\n<em>Es una gracia extraordinaria estar aqu\u00ed reunidos en oraci\u00f3n. El Sepulcro vac\u00edo, ese sepulcro nuevo situado en un jard\u00edn, donde Jos\u00e9 de Arimatea devotamente coloc\u00f3 el Cuerpo de Jes\u00fas, es el lugar de donde parte el anuncio de la Resurrecci\u00f3n: \u201cNo teman, yo s\u00e9 que ustedes buscan a Jes\u00fas, el Crucificado. No est\u00e1 aqu\u00ed, porque ha resucitado como lo hab\u00eda dicho. Vengan a ver el lugar donde estaba, y vayan en seguida a decir a sus disc\u00edpulos: \u00abHa resucitado de entre los muertos\u00bb.\u201d (Mt 28,5-7). Este anuncio, confirmado por el testimonio de aquellos a quienes se apareci\u00f3 el Se\u00f1or Resucitado, es el coraz\u00f3n del mensaje cristiano, trasmitido fielmente de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n, como afirma desde el principio el Ap\u00f3stol Pablo: \u201cLes he trasmitido en primer lugar, lo que yo mismo recib\u00ed: Cristo muri\u00f3 por nuestros pecados, conforme a la Escritura. Fue sepultado y resucit\u00f3 al tercer d\u00eda, de acuerdo con la Escritura.\u201d (1 Co 15,3-4). Es el fundamento de la fe lo que nos une, gracias a la cual juntos profesamos que Jesucristo, Unig\u00e9nito Hijo del Padre y Nuestro \u00danico Se\u00f1or, \u201cpadeci\u00f3 bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado muerto y sepultado, descendi\u00f3 a los infiernos, y al tercer d\u00eda resucit\u00f3 de entre los muertos\u201d (S\u00edmbolo de los Ap\u00f3stoles). Cada uno de nosotros, todo bautizado en Cristo, ha resucitado espiritualmente desde este Sepulcro, porque todos en el Bautismo fuimos realmente incorporados al Primog\u00e9nito de toda la Creaci\u00f3n, sepultados con \u00c9l, para ser resucitados con \u00c9l y poder caminar en una vida nueva (cf. Rm 6,4).<\/em><br \/>\n<em>Recibamos la gracia especial de este momento. Deteng\u00e1monos con devoto recogimiento ante el Sepulcro vac\u00edo, para redescubrir la grandeza de nuestra vocaci\u00f3n cristiana: somos hombres y mujeres de resurrecci\u00f3n, no de muerte. Aprendamos de este lugar, a vivir nuestra vida, los afanes de nuestras Iglesias y del mundo entero a la luz de la ma\u00f1ana de Pascua.<\/em><br \/>\n<em>Cada herida, cada sufrimiento, cada dolor, fueron cargados en los mismos hombros del Buen Pastor que se ofreci\u00f3 a s\u00ed mismo y con su sacrificio nos abri\u00f3 el paso a la vida eterna. Sus llagas abiertas son la apertura a trav\u00e9s de las cuales se revela al mundo el torrente de su misericordia. \u00a1No nos dejemos robar el fundamento de nuestra esperanza!, que es justamente esta \u201c\u03c7\u03c1\u03b9\u03c3\u03c4\u03bf\u03c2 \u03b1\u03bd\u03b5\u03c3\u03c4\u03b7\u201d (Christos Anesti = \u00a1Cristo ha resucitado!) \u00a1No privemos al mundo del gozoso anuncio de la Resurrecci\u00f3n! Y no seamos sordos al fuerte llamado a la Unidad que resuena precisamente desde este lugar, en las palabras de Aqu\u00e9l que, resucitado, nos llama a todos nosotros \u201cmis hermanos\u201d (cf. Mt 28,10; Jn 20,17).<\/em><br \/>\n<em>Ciertamente, no podemos negar las divisiones que todav\u00eda existen entre nosotros, disc\u00edpulos de Jes\u00fas. Este Sagrado Lugar nos hace advertir el drama con mayor sufrimiento. Y, sin embargo, a cincuenta a\u00f1os del abrazo de aquellos dos venerables Padres, reconozcamos con gratitud y renovado estupor que fue posible, por impulso del Esp\u00edritu Santo, dar pasos realmente importantes hacia la Unidad. Somos conscientes que queda todav\u00eda por recorrer otro camino para alcanzar aquella Plenitud de Comuni\u00f3n que pueda expresarse tambi\u00e9n al compartir la misma Mesa Eucar\u00edstica, que ardientemente deseamos; pero las divergencias no deben asustarnos, \u00a1no deben asustarnos! Y paralizar nuestro camino. Tenemos que creer que, al igual que fue removida la piedra del Sepulcro, as\u00ed tambi\u00e9n podr\u00e1n ser removidos todos los obst\u00e1culos que todav\u00eda impiden la Plena Comuni\u00f3n entre nosotros. Ser\u00e1 una gracia de resurrecci\u00f3n, que ya hoy podemos pregustar. Cada vez que pidamos perd\u00f3n los unos a los otros, por los pecados cometidos, contra otros cristianos y cada vez que tengamos el coraje de conceder y de recibir este perd\u00f3n, nosotros experimentamos la Resurrecci\u00f3n. Cada vez que se superen antiguos prejuicios, tenemos el coraje de promover nuevas relaciones fraternas, nosotros confesamos que Cristo verdaderamente ha resucitado. Siempre que pensamos el futuro de la Iglesia a partir de su vocaci\u00f3n a la Unidad, brilla la luz de la ma\u00f1ana de Pascua. A este respecto, deseo renovar la voluntad ya expresada por mis Predecesores, de mantener un di\u00e1logo con todos los hermanos en Cristo para encontrar una forma de ejercicio del ministerio propio del Obispo de Roma que, en conformidad con su misi\u00f3n, se abra a una nueva situaci\u00f3n y pueda ser, en el contexto actual, un servicio de amor y de Comuni\u00f3n reconocido por todos (cf. Juan Pablo II, Enc. Ut unum sint, 95-96).<\/em><br \/>\n<em>Mientras permanecemos como peregrinos en estos Santos Lugares, recordamos en nuestra oraci\u00f3n a toda la Regi\u00f3n de Medio Oriente, desgraciadamente y con frecuencia, marcada por la violencia y los conflictos. Y no nos olvidamos en nuestras oraciones de tantos otros hombres y mujeres que, en diversas partes del mundo, sufren a causa de la guerra, de la pobreza, del hambre; as\u00ed como de los numerosos cristianos perseguidos por su fe en el Se\u00f1or Resucitado. Cuando cristianos de diversas confesiones se encuentran para sufrir juntos, unos al lado de los otros, y se prestan, los unos a los otros, ayuda con caridad fraterna, se realiza un Ecumenismo del sufrimiento, se realiza el Ecumenismo de sangre, que posee una particular eficacia no s\u00f3lo en por el contexto en los lugares donde esto se produce, sino, en virtud de la Comuni\u00f3n de los Santos, tambi\u00e9n para toda la Iglesia.Aquellos que por odio a la fe, asesinan y persiguen a los cristianos, no les preguntan si son ortodoxos o son cat\u00f3licos, \u00a1son cristianos y la sangre cristiana es la misma!<\/em><br \/>\n<em>Santidad, amado Hermano, querid\u00edsimos hermanos todos: dejemos de lado los recelos que hemos heredado del pasado y abramos nuestro coraz\u00f3n a la acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo, el Esp\u00edritu del Amor (cf. Rm 5,5), para caminar juntos, enviados hacia el d\u00eda bendecido de nuestro reencuentro en plena comuni\u00f3n. En este camino nos sentimos sostenidos por la oraci\u00f3n que Jes\u00fas mismo, en esta Ciudad, en la vigilia de su Pasi\u00f3n, Muerte y Resurrecci\u00f3n, elev\u00f3 al Padre por sus disc\u00edpulos, y que no nos cansemos, con humildad, de hacer nuestra: \u201cQue sean una sola cosa\u2026 para que el mundo crea\u201d (Jn 17,21).<\/em><br \/>\n<em>Que cuando la desuni\u00f3n nos haga pesimistas, poco valientes, desalentados, vayamos todos bajo el Manto de la Santa Madre de Dios. Cuando en el alma cristiana hay turbulencias espirituales, solamente bajo el Manto de la Santa Madre de Dios encontraremos paz. Que Ella nos ayude en este camino.<\/em><\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La celebraci\u00f3n ecum\u00e9nica en el Santo Sepulcro de Jerusal\u00e9n clausur\u00f3 solemnemente el segundo d\u00eda de la peregrinaci\u00f3n del Papa Francisco en Tierra Santa. 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