{"id":5277,"date":"2014-04-22T13:45:01","date_gmt":"2014-04-22T16:45:01","guid":{"rendered":"http:\/\/obispadodezaratecampana.org\/?p=5277"},"modified":"2014-04-22T13:48:52","modified_gmt":"2014-04-22T16:48:52","slug":"viernes-santo-en-roma-francisco-recorre-el-camino-de-la-cruz","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/obispadodezaratecampana.org\/?p=5277","title":{"rendered":"Viernes Santo en Roma: Francisco recorre el camino de la Cruz"},"content":{"rendered":"<p>La noche del viernes el Santo Padre Francisco presidi\u00f3 el tradicional V\u00eda Crucis, en el Coliseo de Roma. El camino de la Cruz se representa con una serie de im\u00e1genes de la Pasi\u00f3n o &#8220;Estaciones&#8221; correspondientes a eventos particulares que Jes\u00fas sufri\u00f3 por nuestra salvaci\u00f3n. La finalidad de las Estaciones es ayudarnos a unirnos a Nuestro Se\u00f1or haciendo una peregrinaci\u00f3n espiritual a la Tierra Santa, a los momentos m\u00e1s se\u00f1alados de su Pasi\u00f3n y muerte redentora. La costumbre de rezar las Estaciones de la Cruz posiblemente comenz\u00f3 en Jerusal\u00e9n. Ciertos lugares de La V\u00eda Dolorosa (aunque no se llam\u00f3 as\u00ed antes del siglo XVI), fueron reverentemente marcados desde los primeros siglos. Hacer all\u00ed las Estaciones de la Cruz se convirti\u00f3 en la meta de muchos peregrinos desde la \u00e9poca del emperador Constantino (Siglo IV). Seg\u00fan la tradici\u00f3n, la Sant\u00edsima Virgen visitaba diariamente las Estaciones originales y el Padre de la Iglesia, San Jer\u00f3nimo, nos habla ya de multitud de peregrinos de todos los pa\u00edses que visitaban los lugares santos en su tiempo. Sin embargo, no existe prueba de una forma fija para esta devoci\u00f3n en los primeros siglos. Desde el siglo doce los peregrinos escriben sobre la &#8220;V\u00eda Sacra&#8221;, como una ruta por la que pasaban recordando la Pasi\u00f3n. No sabemos cuando surgieron las Estaciones seg\u00fan las conocemos hoy, ni cuando se les comenz\u00f3 a conceder indulgencias pero probablemente fueron los Franciscanos los primeros en establecer el V\u00eda Crucis ya que a ellos se les concedi\u00f3 en 1342 la custodia de los lugares mas preciados de Tierra Santa. Tampoco est\u00e1 claro en que direcci\u00f3n se recorr\u00edan ya que, seg\u00fan parece, hasta el siglo XV muchos lo hac\u00edan comenzando en el Monte Calvario y retrocediendo hasta la casa de Pilato. Por la dificultad creciente de visitar la Tierra Santa bajo dominio musulm\u00e1n, las Estaciones de la Cruz y diferentes manuales para rezar en ellas se difundieron por Europa. Las Estaciones tal como las conocemos hoy fueron aparentemente influenciadas por el libro &#8220;Jerusal\u00e9n sicut Christi tempore floruit&#8221; escrito por un tal Adrichomius en 1584. En este libro el V\u00eda Crucis tiene doce estaciones y estas corresponden exactamente a nuestras primeras doce. Parece entonces que el V\u00eda Crucis, como lo conocemos hoy surge de las representaciones procedentes de Europa.<br \/>\nLas meditaciones del Via Crucis de este a\u00f1o han sido encomendadas por Francisco al Mons. Giancarlo Maria Bregantini, Arzobispo de Campobasso-Boiano. Estos textos son propuestos a la atenci\u00f3n de todas las realidades de la Iglesia contempor\u00e1nea que ha sufrido y sufre en las diversas regiones del mundo.<br \/>\n<strong>Meditaciones del V\u00eda Crucis 2014, a cargo de Mons. Giancarlo Maria Bregantini,\u00a0Arzobispo de Campobasso-Boiano<\/strong><\/p>\n<p>\u00abEL ROSTRO DE CRISTO,<br \/>\nEL ROSTRO DEL HOMBRE\u00bb<\/p>\n<p>INTRODUCCI\u00d3N<br \/>\n\u00abEl que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero, y \u00e9l sabe que dice verdad, para que tambi\u00e9n vosotros cre\u00e1is. Esto ocurri\u00f3 para que se cumpliera la Escritura: \u201cNo le quebrar\u00e1n un hueso\u201d; y en otro lugar la Escritura dice: \u201cMirar\u00e1n al que atravesaron\u201d\u00bb (Jn 19,35-37).<br \/>\nDulce Jes\u00fas,subiste al G\u00f3lgota sin hesitar, como gesto de amor,y te dejaste crucificar sin lamento.<br \/>\nHumilde hijo de Mar\u00eda,cargaste con nuestra noche<br \/>\npara mostrarnos con cu\u00e1nta luzquer\u00edas henchir nuestro coraz\u00f3n.<br \/>\nEn tu dolor, reside nuestra redenci\u00f3n,en tus l\u00e1grimas, se bosqueja la \u00abhora\u00bb<br \/>\nen la que se desvela el amor gratuito de Dios.Siete veces perdonados<br \/>\nen tus \u00faltimos suspiros de hombre entre los hombres,\u00a0nos devuelves a todos al coraz\u00f3n del Padre,<br \/>\npara indicarnos en tus \u00faltimas palabras\u00a0la v\u00eda redentora para todo nuestro dolor.<br \/>\nT\u00fa, el plenamente encarnado, te anonadas en la cruz,solamente comprendido por Ella, la Madre,que permanec\u00eda fielmente al pie de aquel pat\u00edbulo.Tu sed es fuente de esperanza siempre encendida,<br \/>\nmano tendida incluso para el malhechor arrepentido,\u00a0que hoy, gracias a ti, dulce Jes\u00fas, entra en el para\u00edso.<br \/>\nConc\u00e9denos a todos nosotros, Se\u00f1or Jes\u00fas crucificado,\u00a0tu infinita misericordia,<br \/>\nperfume de Betania en el mundo,gemido de vida para la humanidad.<br \/>\nY, confiados finalmente en las manos de tu Padre,\u00a0\u00e1brenos la puerta de la vida que nunca muere. Am\u00e9n.<br \/>\nPRIMERA ESTACI\u00d3N<br \/>\nJes\u00fas condenado a muerte<br \/>\nEl dedo acusador<br \/>\n\u00abPilato volvi\u00f3 a dirigirles la palabra con intenci\u00f3n de soltar a Jes\u00fas. Pero ellos segu\u00edan gritando: \u201c\u00a1Crucif\u00edcalo, crucif\u00edcalo!\u201d. Por tercera vez les dijo: \u201cPues, \u00bfqu\u00e9 mal ha hecho este? No he encontrado en \u00e9l ninguna culpa que merezca la muerte. As\u00ed es que le dar\u00e9 un escarmiento y lo soltar\u00e9\u201d. Pero ellos se le echaban encima, pidiendo a gritos que lo crucificara; e iba creciendo su griter\u00edo. Pilato entonces sentenci\u00f3 que se realizara lo que ped\u00edan: solt\u00f3 al que le reclamaban (al que hab\u00eda metido en la c\u00e1rcel por revuelta y homicidio), y a Jes\u00fas se lo entreg\u00f3 a su voluntad\u00bb (Lc 23,20-25).<\/p>\n<p>Un Pilato atemorizado que no busca la verdad, el dedo acusador y el creciente clamor de la multitud, son los primeros pasos de la muerte de Jes\u00fas. Inocente como un cordero cuya sangre salva a su pueblo. Ese Jes\u00fas, que ha pasado entre nosotros curando y bendiciendo, es condenado ahora a la pena capital. Ninguna palabra de gratitud por parte del gent\u00edo que, en cambio, elige a Barrab\u00e1s. Para Pilato, se convierte en un caso embarazoso. Lo entrega a la muchedumbre y se lava las manos, enteramente apegado a su poder. Lo entrega para que sea crucificado. No quiere saber nada de \u00e9l. Para \u00e9l, el caso est\u00e1 cerrado.<br \/>\nLa condena apresurada de Jes\u00fas acoge as\u00ed las acusaciones f\u00e1ciles, los juicios superficiales entre la gente, las insinuaciones y prejuicios, que cierran el coraz\u00f3n y se convierten en cultura racista, de exclusi\u00f3n y descarte, con cartas an\u00f3nimas y horribles calumnias. Si acusados, se salta inmediatamente en primera p\u00e1gina; si absueltos, se termina en la \u00faltima.<br \/>\n\u00bfY nosotros? \u00bfSabremos tener una conciencia recta y responsable, transparente, que nunca d\u00e9 la espalda al inocente, sino que luche con valor en favor de los d\u00e9biles, resisti\u00e9ndose a la injusticia y defendiendo por doquier la verdad ultrajada?<br \/>\n==========<br \/>\nORACI\u00d3N<\/p>\n<p>Se\u00f1or Jes\u00fas,<br \/>\nhay manos que amparan y hay manos que firman sentencias injustas.<br \/>\nHaz que, ayudados por tu gracia, no descartemos a nadie.<br \/>\nDefi\u00e9ndenos de la calumnia y la mentira.<br \/>\nAy\u00fadanos a buscar siempre la verdad,<br \/>\ny a estar siempre de parte de los d\u00e9biles.<br \/>\nY concede tu luz a quien, por misi\u00f3n, debe juzgar en el tribunal,<br \/>\npara que emita siempre sentencias justas y verdaderas. Am\u00e9n.<\/p>\n<p>SEGUNDA ESTACI\u00d3N<\/p>\n<p>Jes\u00fas con la cruz a cuestas<br \/>\nEl pesado madero de la crisis<\/p>\n<p>\u00ab\u00c9l llev\u00f3 nuestros pecados en su cuerpo hasta el le\u00f1o, para que, muertos al pecado, vivamos para la justicia. Con sus heridas fuisteis curados. Pues andabais errantes como ovejas, pero ahora os hab\u00e9is convertido al pastor y guardi\u00e1n de vuestras almas\u00bb (1 P 2,24-25).<br \/>\nPesa el madero de la cruz, porque, en \u00e9l, Jes\u00fas lleva consigo todos nuestros pecados. Se tambalea bajo este peso, demasiado grande para un solo hombre (cf. Jn 19,17).<br \/>\nEs tambi\u00e9n el peso de todas las injusticias que ha causado la crisis econ\u00f3mica, con sus graves consecuencias sociales: precariedad, desempleo, despidos; un dinero que gobierna en lugar de servir, la especulaci\u00f3n financiera, el suicidio de empresarios, la corrupci\u00f3n y la usura, las empresas que abandonan el propio pa\u00eds.<br \/>\nEsta es la pesada cruz del mundo del trabajo, la injusticia en la espalda de los trabajadores. Jes\u00fas la carga sobre sus hombros y nos ense\u00f1a a no vivir m\u00e1s en la injusticia, sino a ser capaces, con su ayuda, de crear puentes de solidaridad y esperanza, para no ser ovejas errantes ni extraviadas en esta crisis.<br \/>\nVolvamos, pues, a Cristo, pastor y guardi\u00e1n de nuestras almas. Luchemos juntos por el trabajo en reciprocidad, superando el miedo y el aislamiento, recuperando la estima por la pol\u00edtica y tratando de solventar juntos los problemas.<br \/>\nLa cruz, entonces, se har\u00e1 m\u00e1s ligera, si la llevamos con Jes\u00fas y la levantamos todos juntos, porque con sus heridas \u2013 resquicios de luz \u2013 hemos sido curados.<br \/>\n==========<br \/>\nORACI\u00d3N<br \/>\nSe\u00f1or Jes\u00fas,<br \/>\ncada vez se hace m\u00e1s densa nuestra noche.<br \/>\nLa pobreza se torna miseria.<br \/>\nNo tenemos pan para los hijos y nuestras redes est\u00e1n vac\u00edas.<br \/>\nNuestro futuro es incierto. Vela por el trabajo que falta.<br \/>\nDespierta en nosotros el celo por la justicia,<br \/>\npara que no arrastremos la vida,<br \/>\nsino que la llevemos con dignidad. Am\u00e9n.<br \/>\nTERCERA ESTACI\u00d3N<br \/>\nJes\u00fas cae por primera vez<br \/>\nLa fragilidad que se abre a la acogida<br \/>\n\u00ab\u00c9l soport\u00f3 nuestros sufrimientos y aguant\u00f3 nuestros dolores; nosotros lo estimamos leproso, herido de Dios y humillado; pero \u00e9l fue traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros cr\u00edmenes. Nuestro castigo saludable cay\u00f3 sobre \u00e9l\u00bb (Is 53,4-5).<br \/>\nEs un Jes\u00fas fr\u00e1gil, muy humano, el que contemplamos con asombro en esta estaci\u00f3n de gran dolor. Pero es precisamente esta ca\u00edda en tierra lo que revela a\u00fan m\u00e1s su inmenso amor. Est\u00e1 acorralado por el gent\u00edo, aturdido por los gritos de los soldados, cubierto por las llagas de la flagelaci\u00f3n, lleno de amargura interior por la inmensa ingratitud humana. Y cae. Cae por tierra.<br \/>\nPero en esta ca\u00edda, en este ceder al peso y la fatiga, Jes\u00fas vuelve a ser una vez m\u00e1s maestro de vida. Nos ense\u00f1a a aceptar nuestras fragilidades, a no desanimarnos por nuestros fallos, a reconocer con lealtad nuestras limitaciones: \u00abEl deseo del bien est\u00e1 a mi alcance \u2013 dice san Pablo \u2013 pero no el realizarlo\u00bb (Rm 7,18).<br \/>\nCon esta fuerza interior que viene del Padre, Jes\u00fas tambi\u00e9n nos ayuda a aceptar las debilidades de los dem\u00e1s; a no indignarnos con quien ha ca\u00eddo, a no ser indiferentes con quien cae. Y nos da la fuerza para no cerrar la puerta a quien llama a nuestra casa pidiendo asilo, dignidad y patria. Conscientes de nuestra fragilidad, acogeremos entre nosotros la fragilidad de los emigrantes, para que encuentren seguridad y esperanza.<br \/>\nEn efecto, en el agua sucia del c\u00e1ntaro del Cen\u00e1culo, es decir, en nuestra fragilidad, es donde se refleja el verdadero rostro de nuestro Dios. Por eso, \u00abtodo esp\u00edritu que confiesa a Jesucristo venido en carne, es de Dios\u00bb (1 Jn 4,2).<br \/>\n==========<br \/>\nORACI\u00d3N<\/p>\n<p>Se\u00f1or Jes\u00fas,<br \/>\nque te has humillado para rescatar nuestra debilidad,<br \/>\nhaznos capaces de entrar en una verdadera comuni\u00f3n<br \/>\ncon nuestros hermanos m\u00e1s pobres.<br \/>\nArranca de nuestro coraz\u00f3n toda ra\u00edz de miedo y c\u00f3moda indiferencia,<br \/>\nque nos impide reconocerte en los emigrantes,<br \/>\npara dar testimonio de que tu Iglesia no tiene fronteras,<br \/>\nsino que es verdadera madre de todos. Am\u00e9n.<br \/>\nCUARTA ESTACI\u00d3N<br \/>\nJes\u00fas se encuentra con la Madre<br \/>\nL\u00e1grimas solidarias<br \/>\n\u00abSime\u00f3n los bendijo, diciendo a Mar\u00eda, su madre: \u201cMira, este ha sido puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; y ser\u00e1 como un signo de contradicci\u00f3n: as\u00ed quedar\u00e1 clara la actitud de muchos corazones. Y a ti, una espada te traspasar\u00e1 el alma\u00bb (Lc 2,34-35). \u00abLlorad con los que lloran. Tened la misma consideraci\u00f3n y trato unos con otros\u00bb (Rm 12,15-16).<br \/>\nEste encuentro de Jes\u00fas con Mar\u00eda, su madre, est\u00e1 cargado de emoci\u00f3n, de l\u00e1grimas amargas. En \u00e9l se expresa la fuerza invencible del amor materno, que supera todo obst\u00e1culo y sabe abrir caminos. Pero impresiona a\u00fan m\u00e1s la mirada solidaria de Mar\u00eda, que comparte e infunde fuerza al Hijo. Nuestro coraz\u00f3n se llena as\u00ed de asombro al contemplar la grandeza de Mar\u00eda, precisamente en su hacerse, ella misma criatura, \u00abpr\u00f3jimo\u00bb para con su Dios y su Se\u00f1or.<br \/>\nElla recoge las l\u00e1grimas de todas las madres por sus hijos lejanos, por los j\u00f3venes condenados a muerte, asesinados o enviados a la guerra, especialmente por los ni\u00f1os soldados. En ellas escuchamos el lamento desgarrador de las madres por sus hijos, moribundos a causa de tumores producidos por la quema de residuos t\u00f3xicos.<br \/>\n\u00a1Qu\u00e9 l\u00e1grimas tan amargas! \u00a1Solidaridad en compartir la ruina de los hijos! Madres que velan en la noche, con las luces encendidas, temblando por los j\u00f3venes abrumados por la inseguridad o en las garras de la droga y el alcohol, especialmente las noches del s\u00e1bado.<br \/>\nJunto a Mar\u00eda, nunca seremos un pueblo hu\u00e9rfano. Nunca olvidados. Como a san Juan Diego, Mar\u00eda tambi\u00e9n nos ofrece a nosotros la caricia de su consuelo materno, y nos dice: \u00abNo se turbe tu coraz\u00f3n [\u2026] \u00bfNo estoy yo aqu\u00ed, que soy tu Madre?\u00bb (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 286).<br \/>\n==========<br \/>\nORACI\u00d3N<br \/>\nSalve, Madre,<br \/>\ndame tu santa bendici\u00f3n.<br \/>\nBend\u00edceme, a m\u00ed y a toda mi casa.<br \/>\nD\u00edgnate ofrecer a Dios todo lo que hoy har\u00e9 y soportar\u00e9,<br \/>\nunido a tus m\u00e9ritos y a los de tu sant\u00edsimo Hijo.<br \/>\nTe ofrezco y dedico todo mi ser y todas mis cosas a tu servicio,<br \/>\nponi\u00e9ndome por entero bajo tu manto.<br \/>\nObt\u00e9n para m\u00ed, Se\u00f1ora, la pureza de la mente y del cuerpo,<br \/>\ny haz que, en este d\u00eda,<br \/>\nno haga nada que desagrade a Dios.<br \/>\nTe lo pido por tu Inmaculada Concepci\u00f3n<br \/>\ny tu intacta virginidad. Am\u00e9n<\/p>\n<p>(San Gaspar Bertoni).<br \/>\nQUINTA ESTACI\u00d3N<br \/>\nEl Cireneo ayuda a Jes\u00fas a llevar la cruz<br \/>\nLa mano amiga que levanta<\/p>\n<p>\u00abA uno que pasaba, de vuelta del campo, a Sim\u00f3n de Cirene, el padre de Alejandro y de Rufo, lo forzaron a llevar la cruz\u00bb (Mc 15,21).<br \/>\nSim\u00f3n de Cirene pasa casualmente por all\u00ed. Pero se convierte en un encuentro decisivo en su vida. \u00c9l volv\u00eda del campo. Hombre de fatigas y vigor. Por eso se le oblig\u00f3 a llevar la cruz de Jes\u00fas, condenado a una muerte infame (cf. Flp 2,8).<br \/>\nPero este encuentro, el principio casual, se trasformar\u00e1 en un seguimiento decisivo y vital de Jes\u00fas, llevando cada d\u00eda su cruz, neg\u00e1ndose a s\u00ed mismo (cf. Mt 16,24-25). En efecto, Sim\u00f3n es recordado por Marcos como el padre de dos cristianos conocidos en la comunidad de Roma: Alejandro y Rufo. Un padre que ha impreso ciertamente en el coraz\u00f3n de los hijos la fuerza de la cruz de Jes\u00fas. Porque la vida, si uno se aferra demasiado a ella, enmohece y se agosta. Pero si la ofrece, florece y se convierte en espiga de grano, para \u00e9l y para toda la comunidad.<br \/>\nEn esto radica la verdadera cura de nuestro ego\u00edsmo, siempre al acecho. La relaci\u00f3n con el otro nos rehabilita y crea una hermandad m\u00edstica, contemplativa, que sabe mirar la grandeza sagrada del pr\u00f3jimo, que sabe descubrir a Dios en cada ser humano, que puede soportar las penas de la vida, apoy\u00e1ndose en el amor de Dios. S\u00f3lo con el coraz\u00f3n abierto al amor divino, me veo impulsado a buscar la felicidad de los dem\u00e1s en tantos gestos de voluntariado: una noche en el hospital, un pr\u00e9stamo sin intereses, una l\u00e1grima enjugada en familia, la gratuidad sincera, el compromiso con altas miras por el bien com\u00fan, el compartir el pan y el trabajo, venciendo toda forma de recelo y envidia.<br \/>\nEl mismo Jes\u00fas nos lo recuerda: \u00abLo que hicisteis con uno de estos, mis hermanos m\u00e1s peque\u00f1os, conmigo lo hicisteis\u00bb (Mt 25,40).<br \/>\n==========<br \/>\nORACI\u00d3N<\/p>\n<p>Se\u00f1or Jes\u00fas,<br \/>\nen el Cireneo amigo vibra el coraz\u00f3n de tu Iglesia,<br \/>\nque se hace refugio de amor para cuantos tienen sed de ti.<br \/>\nLa ayuda fraterna es la clave para atravesar juntos la puerta de la Vida.<br \/>\nNo permitas que nuestro ego\u00edsmo nos haga pasar de largo,<br \/>\ny ay\u00fadanos a derramar el ung\u00fcento de consolaci\u00f3n en las heridas de los otros,<br \/>\npara hacernos compa\u00f1eros leales de camino,<br \/>\nsin evasivas y sin cansarnos nunca de optar por la fraternidad. Am\u00e9n.<br \/>\nSEXTA ESTACI\u00d3N<br \/>\nVer\u00f3nica enjuga el rostro de Jes\u00fas<br \/>\nLa ternura femenina<\/p>\n<p>\u00abOigo en mi coraz\u00f3n: \u201cBuscad mi rostro\u201d. Tu rostro buscar\u00e9, Se\u00f1or, no me escondas tu rostro. No rechaces con ira a tu siervo, que t\u00fa eres mi auxilio; no me deseches, no me abandones, Dios de mi salvaci\u00f3n\u00bb (Sal 26,8-9).<br \/>\nJes\u00fas se arrastra con dificultad, jadeando. Pero la luz de su rostro se mantiene intacta. No hay ofensa que pueda oponerse a su belleza. Los salivazos no la han empa\u00f1ado. Los golpes no han conseguido quebrarla. Este rostro se parece a una zarza ardiente que, cuanto m\u00e1s se le ultraja, m\u00e1s consigue emanar una luz de salvaci\u00f3n. De los ojos del Maestro manan l\u00e1grimas silenciosas. Lleva el peso del abandono. Sin embargo, Jes\u00fas avanza, no se detiene, no vuelve atr\u00e1s. Afronta la opresi\u00f3n. Est\u00e1 turbado por la crueldad, pero \u00e9l sabe que su muerte no ser\u00e1 en vano.<br \/>\nJes\u00fas, entonces, se detiene ante una mujer que viene a su encuentro sin titubeos. Es la Ver\u00f3nica, verdadera imagen femenina de la ternura.<br \/>\nEl Se\u00f1or encarna aqu\u00ed nuestra necesidad de gratuidad amorosa, de sentirnos amados y protegidos por gestos de solicitud y de cuidados. Las caricias de esta criatura se empapan de la sangre preciosa de Jes\u00fas y parecen purificarlo de las profanaciones recibidas en aquellas horas de tortura. La Ver\u00f3nica consigue tocar al dulce Jes\u00fas, rozar su candor. No s\u00f3lo para aliviar, sino para participar en su sufrimiento. Reconoce en Jes\u00fas a cada pr\u00f3jimo que ha de consolar, con un toque de ternura, para entrar en el gemido de dolor de los que hoy no reciben asistencia ni calor de compasi\u00f3n. Y mueren de soledad.<br \/>\n==========<br \/>\nORACI\u00d3N<\/p>\n<p>Se\u00f1or Jes\u00fas,<br \/>\n\u00a1qu\u00e9 amarga la indiferencia de quien cre\u00edamos<br \/>\na nuestro lado en los momentos de desolaci\u00f3n!<br \/>\nPero t\u00fa nos cubres con ese pa\u00f1o<br \/>\nque lleva impresa tu sangre preciosa,<br \/>\nque has derramado a lo largo del camino del abandono,<br \/>\nque tambi\u00e9n t\u00fa sufriste injustamente.<br \/>\nSin ti, no tenemos<br \/>\nni podemos dar alivio alguno. Am\u00e9n.<br \/>\nS\u00c9PTIMA ESTACI\u00d3N<br \/>\nJes\u00fas cae por segunda vez<br \/>\nLa angustia de la c\u00e1rcel y de la tortura<br \/>\n\u00abMe rodeaban cerrando el cerco&#8230; Me rodeaban como avispas, ardiendo como el fuego en las zarzas, en el nombre del Se\u00f1or los rechac\u00e9. Empujaban y empujaban para derribarme, pero el Se\u00f1or me ayud\u00f3&#8230; Me castig\u00f3, me castig\u00f3 el Se\u00f1or, pero no me entreg\u00f3 a la muerte\u00bb(Sal 117,11.12-13.18).<\/p>\n<p>En Jes\u00fas se cumplen verdaderamente las antiguas profec\u00edas del Siervo humilde y obediente, que carga sobre sus hombros toda nuestra historia de dolor. Y as\u00ed, Jes\u00fas, llevado a empellones, se desploma por la fatiga y la opresi\u00f3n, rodeado, circundado por la violencia, ya sin fuerzas. Cada vez m\u00e1s solo, cada vez m\u00e1s en la oscuridad. Lacerado en la carne, con los huesos magullados.<br \/>\nEn \u00e9l reconocemos la amarga experiencia de los detenidos en prisi\u00f3n, con todas sus contradicciones inhumanas. Rodeados y cercados, \u00abempujados para derribarlos\u00bb. A la c\u00e1rcel se la mantiene a\u00fan hoy demasiado lejana, olvidada, rechazada por la sociedad civil. Hay absurdos de la burocracia, lentitud de la justicia. El hacinamiento es una doble pena, un dolor agravado, una opresi\u00f3n injusta, que desgasta la carne y los huesos. Algunos \u2013 demasiados \u2013 no sobreviven&#8230; Y aun cuando un hermano nuestro sale, lo seguimos considerando \u00abex recluso\u00bb, cerr\u00e1ndole as\u00ed las puertas del rescate social y laboral.<br \/>\nPero m\u00e1s grave es la tortura, por desgracia muy practicada en varias partes de la tierra de muchos modos. Como lo fue para Jes\u00fas, tambi\u00e9n \u00e9l golpeado, humillado por la soldadesca, torturado con la corona de espinas, azotado con crueldad.<br \/>\nAnte esta ca\u00edda, c\u00f3mo nos percatamos de la verdad de aquellas palabras de Jes\u00fas: \u00abEstuve en la c\u00e1rcel y no me visitasteis\u00bb (Mt 25,36). En toda c\u00e1rcel, junto a cada torturado, siempre est\u00e1 \u00e9l, el Cristo que sufre, encarcelado y torturado. Aunque probados duramente, \u00e9l es nuestra ayuda, para no ser entregados al miedo. S\u00f3lo juntos nos levantamos, acompa\u00f1ados por agentes apropiados, apoyados en la mano fraterna de los voluntarios y rescatados de una sociedad civil que hace suyas las muchas injusticias cometidas dentro de los muros de una prisi\u00f3n.<br \/>\n==========<br \/>\nORACI\u00d3N<br \/>\nSe\u00f1or Jes\u00fas,<br \/>\nuna conmoci\u00f3n indecible me embarga<br \/>\nal verte postrado en tierra por m\u00ed.<br \/>\nNo hallas m\u00e9rito alguno, sino una multitud de pecados, incongruencias, debilidades.<br \/>\nY \u00a1qu\u00e9 amor de predilecci\u00f3n como respuesta!<br \/>\nAl margen de la sociedad, denigrados por los juicios,<br \/>\nt\u00fa nos has bendecido para siempre.<br \/>\nDichosos nosotros si hoy estamos aqu\u00ed, por tierra, contigo, rescatados de la condena.<br \/>\nHaz que no eludamos nuestras responsabilidades,<br \/>\nconc\u00e9denos vivir en tu humillaci\u00f3n, a salvo de toda pretensi\u00f3n de omnipotencia,<br \/>\npara renacer a una vida nueva como criaturas hechas para el cielo. Am\u00e9n.<br \/>\nOCTAVA ESTACI\u00d3N<br \/>\nJes\u00fas encuentra a las mujeres de Jerusal\u00e9n<br \/>\nCompartir, no s\u00f3lo conmiseraci\u00f3n<\/p>\n<p>\u00abHijas de Jerusal\u00e9n, no llor\u00e9is por m\u00ed, llorad por vosotras y por vuestros hijos\u00bb (Lc 23,28).<br \/>\nLas figuras femeninas en el camino del dolor se presentan como antorchas encendidas. Mujeres de fidelidad y valor que no se dejan intimidar por los guardias ni escandalizar por las llagas del Buen Maestro. Est\u00e1n dispuestas a encontrarlo y consolarlo. Jes\u00fas est\u00e1 all\u00ed, ante ellas. Hay quien lo pisotea mientras cae por tierra agotado. Pero las mujeres est\u00e1n all\u00ed, listas para darle ese c\u00e1lido latido que el coraz\u00f3n ya no puede contener. Antes lo observan desde lejos, pero luego se acercan, como hace el amigo, el hermano o hermana cuando se da cuenta de las dificultades del ser querido.<br \/>\nJes\u00fas se impresiona por su llanto amargo, pero les exhorta a no desgastar el coraz\u00f3n en verlo tan maltratado, a no ser mujeres que lloran, sino creyentes. Pide un dolor compartido y no una conmiseraci\u00f3n sollozante. No m\u00e1s lamentos, sino deseos de renacer, de mirar hacia adelante, de proceder con fe y esperanza hacia esa aurora de luz que surgir\u00e1 a\u00fan m\u00e1s cegadora sobre la cabeza de quienes caminan con los ojos puestos en Dios. Lloremos por nosotros mismos si a\u00fan no creemos en ese Jes\u00fas que nos ha anunciado el Reino de la salvaci\u00f3n. Lloremos por nuestros pecados no confesados.<br \/>\nY lloremos tambi\u00e9n por esos hombres que descargan sobre las mujeres la violencia que llevan dentro. Lloremos por las mujeres esclavizadas por el miedo y la explotaci\u00f3n. Pero no basta compungirse y sentir compasi\u00f3n. Jes\u00fas es m\u00e1s exigente. Las mujeres deben ser amadas como un don inviolable para toda la humanidad. Para hacer crecer a nuestros hijos, en dignidad y esperanza.<br \/>\n==========<br \/>\nORACI\u00d3N<\/p>\n<p>Se\u00f1or Jes\u00fas,<br \/>\nfrena la mano que ataca a las mujeres.<br \/>\nLibera su coraz\u00f3n del abismo de la desesperaci\u00f3n<br \/>\ncuando se convierten en v\u00edctimas de la violencia.<br \/>\nEnjuga su llanto cuando se encuentran solas.<br \/>\nY abre nuestro coraz\u00f3n para compartir todo dolor,<br \/>\ncon sinceridad y fidelidad,<br \/>\nm\u00e1s all\u00e1 de la compasi\u00f3n natural,<br \/>\npara hacernos instrumentos de la verdadera liberaci\u00f3n. Am\u00e9n.<\/p>\n<p>NOVENA ESTACI\u00d3N<br \/>\nJes\u00fas cae por tercera vez<br \/>\nSuperar la nociva nostalgia<\/p>\n<p>\u00ab\u00bfQui\u00e9n podr\u00e1 apartarnos del amor de Cristo?; \u00bfla aflicci\u00f3n?, \u00bfla angustia?, \u00bfla persecuci\u00f3n?, \u00bfel hambre?, \u00bfla desnudez?, \u00bfel peligro?, \u00bfla espada?&#8230; Pero en todo esto vencemos de sobra gracias a aquel que nos ha amado\u00bb (Rm 8,35.37).<br \/>\nSan Pablo enumera sus pruebas, pero sabe que Jes\u00fas ha pasado antes por ellas, que en el camino hacia el G\u00f3lgota cay\u00f3 una, dos, tres veces. Destrozado por la tribulaci\u00f3n, la persecuci\u00f3n, la espada; oprimido por el madero de la cruz. Exhausto. Parece decir, como nosotros en tantos momentos de oscuridad: \u00ab\u00a1Ya no puedo m\u00e1s!\u00bb.<br \/>\nEs el grito de los perseguidos, los moribundos, los enfermos terminales, los oprimidos por el yugo.<br \/>\nPero en Jes\u00fas se ve tambi\u00e9n su fuerza: \u00abSi hace sufrir, se compadece\u00bb (Lm 3,32). Nos muestra que en la aflicci\u00f3n siempre est\u00e1 su consuelo, un \u00abm\u00e1s all\u00e1\u00bb que se entrev\u00e9 en la esperanza. Como la poda de la vid que el Padre celestial, con sabidur\u00eda, hace precisamente con los sarmientos que dan fruto (cf. Jn 15,8). Nunca para cercenar, sino siempre para rebrotar. Como una madre cuando llega su hora: se inquieta, gime, sufre en el parto. Pero sabe que son los dolores de la nueva vida, de la primavera en flor, precisamente por esa poda.<br \/>\nQue la contemplaci\u00f3n de Jes\u00fas ca\u00eddo, pero capaz de ponerse en pie, nos ayude a vencer la congoja que el temor por el ma\u00f1ana imprime en nuestro coraz\u00f3n, especialmente en este tiempo de crisis. Superemos la nociva nostalgia del pasado, la comodidad del inmovilismo, del \u00absiempre se ha hecho as\u00ed\u00bb. Ese Jes\u00fas que se tambalea y cae, pero que luego se levanta, es la certeza de una esperanza que, alimentada por la oraci\u00f3n intensa, nace precisamente durante la prueba, y no despu\u00e9s de la prueba ni sin prueba. Por la fuerza de su amor, saldremos m\u00e1s que victoriosos.<br \/>\n==========<br \/>\nORACI\u00d3N<br \/>\nSe\u00f1or Jes\u00fas,<br \/>\nte rogamos que levantes del polvo al m\u00edsero,<br \/>\nlevanta a los pobres de la inmundicia, hazlos sentar con los jefes del pueblo<br \/>\ny as\u00edgnales un puesto de honor.<br \/>\nQuiebra el arco de los fuertes y reviste a los d\u00e9biles de vigor,<br \/>\nporque s\u00f3lo t\u00fa nos haces ricos precisamente con tu pobreza (cf. 1 S, 2,4-8; 2 Co 8,9). Am\u00e9n.<br \/>\nD\u00c9CIMA ESTACI\u00d3N<br \/>\nJes\u00fas es despojado de las vestiduras<br \/>\nLa unidad y la dignidad<\/p>\n<p>\u00abLos soldados, cuando crucificaron a Jes\u00fas, cogieron su ropa, haciendo cuatro partes, una para cada soldado, y apartaron la t\u00fanica. Era una t\u00fanica sin costura, tejida toda de una pieza de arriba abajo. Y se dijeron: \u201cNo la rasguemos, sino ech\u00e9mosla a suerte, a ver a qui\u00e9n le toca\u201d. As\u00ed se cumpli\u00f3 la Escritura: \u201cSe repartieron mis ropas y echaron a suerte mi t\u00fanica\u201d. Esto hicieron los soldados\u00bb(Jn 19,23-24).<br \/>\nNo dejaron ni un trozo de tela que cubriera el cuerpo de Jes\u00fas. Lo despojaron. No ten\u00eda manto ni t\u00fanica, ning\u00fan vestido. Lo desnudaron como un acto de humillaci\u00f3n extrema. S\u00f3lo le cubr\u00eda la sangre, que borbotaba de sus numerosas heridas.<br \/>\nLa t\u00fanica queda intacta: es s\u00edmbolo de la unidad de la Iglesia, una unidad que se ha de recobrar mediante un camino paciente, una paz artesana, construida d\u00eda a d\u00eda en un tejido recompuesto con los hilos de oro de la fraternidad, en un clima de reconciliaci\u00f3n y perd\u00f3n mutuo.<br \/>\nEn Jes\u00fas, inocente, despojado y torturado, reconocemos la dignidad violada de todos los inocentes, especialmente de los peque\u00f1os. Dios no impidi\u00f3 que su cuerpo despojado fuera expuesto en la cruz. Lo hizo para rescatar todo abuso injustamente cubierto, y demostrar que \u00e9l, Dios, est\u00e1 irrevocablemente y sin medias tintas de parte de las v\u00edctimas.<br \/>\n==========<br \/>\nORACI\u00d3N<br \/>\nSe\u00f1or Jes\u00fas,<br \/>\nqueremos volver a ser inocentes como ni\u00f1os,<br \/>\npara poder entrar en el reino de los cielos,<br \/>\npurificados de nuestra suciedad y de nuestros \u00eddolos.<br \/>\nRetira de nuestro pecho el coraz\u00f3n de piedra de las divisiones,<br \/>\nque hacen a tu Iglesia poco cre\u00edble.<br \/>\nDanos un coraz\u00f3n nuevo y un esp\u00edritu nuevo,<br \/>\npara vivir seg\u00fan tus preceptos<br \/>\ny observar y poner en pr\u00e1ctica tus leyes. Am\u00e9n.<\/p>\n<p>UND\u00c9CIMA ESTACI\u00d3N<br \/>\nJes\u00fas clavado en la cruz<br \/>\nEn el lecho de los enfermos<\/p>\n<p>\u00abLo crucificaron y se repartieron sus ropas, ech\u00e1ndolas a suerte, para ver lo que se llevaba cada uno. Era media ma\u00f1ana cuando lo crucificaron. En el letrero de la acusaci\u00f3n estaba escrito: \u201cEl rey de los jud\u00edos\u201d. Crucificaron con \u00e9l a dos bandidos, uno a su derecha y otro a su izquierda. As\u00ed se cumpli\u00f3 la Escritura que dice: \u201cLo consideraron como un malhechor\u201d\u00bb (Mc 15,24-28).<br \/>\nY lo crucificaron. La pena de los infames, de los traidores, de los esclavos rebeldes. Esta es la pena que se aplica a nuestro Se\u00f1or Jes\u00fas: \u00e1speros clavos, dolor lacerante, la congoja de la madre, la verg\u00fcenza de verse acomunado a dos bandidos, la ropa repartida entre los soldados como un bot\u00edn, la burlas crueles de quienes pasaban por all\u00ed: \u00abA otros ha salvado y \u00e9l no se puede salvar&#8230;, que baje ahora de la cruz y le creeremos\u00bb (Mt 27,42).<br \/>\nY lo crucificaron. Jes\u00fas no desciende, no abandona la cruz. Permanece obediente hasta el fin a la voluntad del Padre. Ama y perdona.<br \/>\nTambi\u00e9n hoy, como Jes\u00fas, muchos hermanos y hermanas nuestros est\u00e1n clavados al lecho de dolor, en hospitales, asilos de ancianos, en nuestras familias. Es el tiempo de la prueba, de d\u00edas amargos, de soledad e incluso de desesperaci\u00f3n: \u00abDios m\u00edo, Dios m\u00edo, \u00bfpor qu\u00e9 me has abandonado?\u00bb (Mt 27,46).<br \/>\nQue nuestra mano nunca sea para clavar, sino siempre para acercar, consolar y acompa\u00f1ar a los enfermos, levant\u00e1ndolos de su lecho de dolor. La enfermedad no pide permiso. Llega siempre de improviso. A veces trastoca, limita los horizontes, pone a dura prueba la esperanza. Su hiel es amarga. S\u00f3lo si tenemos junto a nosotros a alguien que nos escucha, que nos es cercano, que se sienta en nuestro lecho&#8230;, entonces la enfermedad puede convertirse en una gran escuela de sabidur\u00eda, en encuentro con el Dios paciente. Cuando alguno toma sobre s\u00ed nuestra enfermedad por amor, tambi\u00e9n la noche del dolor se abre a la luz pascual de Cristo crucificado y resucitado. Lo que humanamente es una condena, puede transformarse en un ofrecimiento redentor por el bien de nuestras comunidades y familias. A ejemplo de los Santos.<br \/>\n==========<br \/>\nORACI\u00d3N<br \/>\nSe\u00f1or Jes\u00fas,<br \/>\nno te alejes de m\u00ed,<br \/>\nsi\u00e9ntate en mi lecho de dolor y hazme compa\u00f1\u00eda.<br \/>\nNo me dejes solo, tiende tu mano y lev\u00e1ntame.<br \/>\nYo creo que t\u00fa eres el Amor,<br \/>\ny creo que tu voluntad es la expresi\u00f3n de tu amor;<br \/>\npor eso me encomiendo a tu voluntad,<br \/>\nporque me conf\u00edo a tu amor. Am\u00e9n.<\/p>\n<p>DUOD\u00c9CIMA ESTACI\u00d3N<br \/>\nJes\u00fas muere en la cruz<br \/>\nEl suspiro de las siete palabras<br \/>\n\u00abDespu\u00e9s de esto, sabiendo Jes\u00fas que ya todo estaba cumplido, para que se cumpliera la Escritura dijo: \u201cTengo sed\u201d. Hab\u00eda all\u00ed un jarro lleno de vinagre. Y, sujetando una esponja empapada en vinagre a una ca\u00f1a de hisopo, se la acercaron a la boca. Jes\u00fas, cuando tom\u00f3 el vinagre, dijo: \u201cEst\u00e1 cumplido\u201d. E, inclinando la cabeza, entreg\u00f3 el esp\u00edritu\u00bb (Jn 19,28-30).<br \/>\nLas siete palabras de Jes\u00fas en la cruz son una obra maestra de esperanza. Jes\u00fas, lentamente, con pasos que tambi\u00e9n son los nuestros, atraviesa toda la oscuridad de la noche, para abandonarse confiado en los brazos del Padre. Es el gemido de los moribundos, el grito de los desesperados, la invocaci\u00f3n de los perdedores. Es Jes\u00fas.<br \/>\n\u00abDios m\u00edo, Dios m\u00edo, \u00bfpor qu\u00e9 me has abandonado?\u00bb (Mt 27,46). Es el grito de Job, de todo hombre bajo el peso de la desgracia. Y Dios guarda silencio. Calla porque su respuesta est\u00e1 all\u00ed, en la cruz: \u00e9l mismo, Jes\u00fas, es la respuesta de Dios, Palabra eterna encarnada por amor.<br \/>\n\u00abAcu\u00e9rdate de m\u00ed&#8230;\u00bb (Lc 23,42). La invocaci\u00f3n fraterna del malhechor, convertido en compa\u00f1ero de dolor, llega al coraz\u00f3n de Jes\u00fas, que siente en ella el eco de su propio dolor. Y Jes\u00fas acoge la s\u00faplica: \u00abHoy estar\u00e1s conmigo en el Para\u00edso\u00bb (Lc 23,42-43). El dolor del otro nos redime siempre, porque nos hace salir de nosotros mismos.<br \/>\n\u00abMujer, ah\u00ed tienes a tu hijo&#8230;\u00bb (Jn 19,26). Pero es su Madre, Mar\u00eda, que estaba con Juan al pie de la cruz, rompiendo el acoso del miedo. La llena de ternura y esperanza. Jes\u00fas ya no se siente solo. Como nos pasa a nosotros cuando junto al lecho del dolor est\u00e1 quien nos ama. Fielmente. Hasta el final.<br \/>\n\u00abTengo sed\u00bb (Jn 19,28). Como el ni\u00f1o pide de beber a su mam\u00e1; como el enfermo abrasado por la fiebre&#8230; La sed de Jes\u00fas es la todos los sedientos de vida, de libertad, de justicia. Y es la sed del mayor de los sedientos, Dios, que infinitamente m\u00e1s que nosotros tiene sed de nuestra salvaci\u00f3n.<br \/>\n\u00abEst\u00e1 cumplido\u00bb (Jn 19,30). Todo cumplido: cada palabra, cada gesto, cada profec\u00eda, cada instante de la vida de Jes\u00fas. El tapiz est\u00e1 completo. Los mil colores del amor lucen ahora con hermosura. Nada se ha desperdiciado. Nada se ha desechado. Todo se ha convertido en amor. Todo est\u00e1 cumplido, para m\u00ed y para ti. Y, as\u00ed, tambi\u00e9n el morir tiene un sentido.<br \/>\n\u00abPadre, perd\u00f3nalos, porque no saben lo que hacen\u00bb (Lc 23,34). Ahora, heroicamente, Jes\u00fas sale del miedo a la muerte. Porque si vivimos en el amor gratuito, todo es vida. El perd\u00f3n renueva, sana, transforma y consuela. Crea un pueblo nuevo. Frena las guerras.<br \/>\n\u00abPadre, en tus manos encomiendo mi esp\u00edritu\u00bb (Lc 23,46). Ya no m\u00e1s desesperaci\u00f3n ante la nada. M\u00e1s bien plena confianza en sus manos de Padre, recostado en su coraz\u00f3n. Porque, en Dios, cada fragmento se compone finalmente en unidad.<br \/>\n==========<br \/>\nORACI\u00d3N<br \/>\nOh Dios, que en la pasi\u00f3n de Cristo nuestro Se\u00f1or,<br \/>\nnos has liberado de la muerte, heredad del antiguo pecado,<br \/>\ntransmitida a todo el g\u00e9nero humano,<br \/>\nrenu\u00e9vanos a imagen de tu Hijo;<br \/>\ny, as\u00ed como hemos llevado en nosotros por nacimiento<br \/>\nla imagen del hombre terrenal,<br \/>\nhaz que, por la acci\u00f3n de tu Esp\u00edritu,<br \/>\nllevemos la imagen del hombre celestial.<br \/>\nPor Cristo nuestro Se\u00f1or. Am\u00e9n.<\/p>\n<p>DECIMOTERCERA ESTACI\u00d3N<br \/>\nJes\u00fas es bajado de la cruz y entregado a su Madre<br \/>\nEl amor es m\u00e1s fuerte de la muerte<\/p>\n<p>\u00abAl anochecer lleg\u00f3 un hombre rico de Arimatea, llamado Jos\u00e9, que era tambi\u00e9n disc\u00edpulo de Jes\u00fas. Este acudi\u00f3 a Pilato a pedirle el cuerpo de Jes\u00fas. Y Pilato mand\u00f3 que se lo entregaran\u00bb (Mt 27,57-58).<br \/>\nAntes de ser puesto en la tumba, Jes\u00fas es entregado finalmente a su Madre. Es el icono de un coraz\u00f3n destrozado, que nos dice c\u00f3mo la muerte no impide el \u00faltimo beso de la madre a su hijo. Postrada ante el cuerpo de Jes\u00fas, Mar\u00eda se encadena a \u00e9l en un abrazo total. Este icono se llama simplemente \u00abPiedad\u00bb. Es desgarrador, pero demuestra que la muerte no quiebra el amor. Porque el amor es m\u00e1s fuerte que la muerte. El amor puro es perdurable. Ha llegado la tarde. La batalla est\u00e1 vencida. El amor no se ha truncado. Qui\u00e9n est\u00e1 dispuesto a sacrificar su vida por Cristo, la encontrar\u00e1. Transfigurada m\u00e1s all\u00e1 de la muerte.<br \/>\nEn esta tr\u00e1gica entrega, se mezclan l\u00e1grimas y sangre. Como en la vida de nuestras familias, atribuladas a veces por p\u00e9rdidas imprevistas y dolorosas, creando un vac\u00edo insalvable, sobre todo cuando muere un ni\u00f1o.<br \/>\nPiedad, entonces, significa hacerse cercanos de los hermanos en luto y que no se resignan. Es una caridad muy grande cuidar de quien est\u00e1 sufriendo en el cuerpo llagado, en la mente deprimida, en el \u00e1nimo desesperado. Amar hasta el final es la suprema ense\u00f1anza que nos han dejado Jes\u00fas y Mar\u00eda. Y la misi\u00f3n fraterna diaria de consuelo, que se nos entrega en este abrazo fiel entre Jes\u00fas muerto y su Madre Dolorosa.<br \/>\n==========<br \/>\nORACI\u00d3N<br \/>\nOh, Virgen de los Dolores,<br \/>\nque en nuestros santuarios nos muestras tu rostro de luz,<br \/>\nmientras que con los ojos hacia el cielo<br \/>\ny las manos abiertas<br \/>\nofreces al Padre un signo de ofrenda sacerdotal,<br \/>\nla v\u00edctima redentora de tu Hijo Jes\u00fas.<br \/>\nMu\u00e9stranos la dulzura del \u00faltimo fiel abrazo<br \/>\ny danos tu maternal consuelo,<br \/>\npara que el dolor cotidiano<br \/>\nnunca apague la esperanza de vida m\u00e1s all\u00e1 de la muerte. Am\u00e9n.<br \/>\nDECIMOCUARTA ESTACI\u00d3N<br \/>\nJes\u00fas es puesto en el sepulcro<br \/>\nEl jard\u00edn nuevo<\/p>\n<p>\u00abHab\u00eda un huerto en el sitio donde lo crucificaron, y en el huerto un sepulcro nuevo donde nadie hab\u00eda sido enterrado todav\u00eda&#8230; All\u00ed pusieron a Jes\u00fas\u00bb (Jn 19,41-42).<\/p>\n<p>Aquel jard\u00edn, donde se encuentra la tumba en la que Jes\u00fas fue sepultado, recuerda otro jard\u00edn: el Jard\u00edn del Ed\u00e9n. Un jard\u00edn que, a causa de la desobediencia, perdi\u00f3 su belleza y se convirti\u00f3 en desolaci\u00f3n, lugar de muerte en vez de vida.<br \/>\nLas ramas silvestres que nos impiden respirar la voluntad de Dios, como el apego al dinero, la soberbia, el derroche de la vida, se han de cortar e injertarlas ahora en el madero de la cruz. Este es el nuevo jard\u00edn: la cruz plantada en la tierra.<br \/>\nDesde all\u00ed, Jes\u00fas puede ahora llevar todo a la vida. Cuando retorne de los abismos infernales, donde Satan\u00e1s ha encerrado a muchas almas, comenzar\u00e1 la renovaci\u00f3n de todas las cosas. Aquel sepulcro representa el fin del hombre viejo. Y, como para Jes\u00fas, Dios tampoco ha permitido para nosotros que sus hijos fueran castigados con la muerte definitiva. La muerte de Cristo abate todos los tronos del mal, basados en la codicia y la dureza de coraz\u00f3n.<br \/>\nLa muerte nos desarma, nos hace entender que estamos expuestos a una existencia terrenal que termina. Pero, ante ese cuerpo de Jes\u00fas puesto en el sepulcro, tomamos conciencia de lo que somos: criaturas que, para no morir, necesitan a su Creador.<br \/>\nEl silencio que rodea ese jard\u00edn nos permite escuchar el susurro de una suave brisa: \u00abYo soy el que vive, y yo estoy con vosotros\u00bb (cf. Ex 3,14). El velo del templo se rasg\u00f3. Finalmente vemos el rostro de nuestro Se\u00f1or. Y conocemos plenamente su nombre: misericordia y fidelidad, para no quedar nunca confusos, ni siquiera ante la muerte, porque el Hijo de Dios fue libre en medio de los muertos (cf. Sal 87,6 Vulg.).<br \/>\n==========<br \/>\nORACI\u00d3N<\/p>\n<p>Prot\u00e9geme, oh Dios, en ti me refugio.<br \/>\nT\u00fa eres mi heredad y mi copa,<br \/>\nen tus manos est\u00e1 mi vida.<br \/>\nTe pongo siempre ante m\u00ed, como mi Se\u00f1or,<br \/>\ncontigo a mi derecha, no vacilar\u00e9.<br \/>\nPor eso se me alegra el coraz\u00f3n, se regocija mi alma,<br \/>\ny tambi\u00e9n mi carne descansa segura.<br \/>\nNo abandones mi vida en el abismo<br \/>\nni dejes a tu fiel conocer la corrupci\u00f3n.<br \/>\nMe ense\u00f1ar\u00e1s el sendero de la vida,<br \/>\nme saciar\u00e1s de gozo en tu presencia,<br \/>\nde alegr\u00eda perpetua a tu derecha. Am\u00e9n.<br \/>\n(cf. Sal 15)<\/p>\n<p>Fuente: www.news.va<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La noche del viernes el Santo Padre Francisco presidi\u00f3 el tradicional V\u00eda Crucis, en el Coliseo de Roma. 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