{"id":3565,"date":"2013-11-12T18:11:26","date_gmt":"2013-11-12T21:11:26","guid":{"rendered":"http:\/\/obispadodezaratecampana.org\/?p=3565"},"modified":"2013-11-12T18:11:26","modified_gmt":"2013-11-12T21:11:26","slug":"sabado-23-de-noviembre-clausura-del-ano-de-la-fe","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/obispadodezaratecampana.org\/?p=3565","title":{"rendered":"S\u00e1bado 23 de noviembre: Clausura del a\u00f1o de la Fe"},"content":{"rendered":"<p>La clausura diocesana del A\u00f1o de la Fe, convocado por S.S. Benedicto XVI y continuado por el Papa Francisco ,tendr\u00e1 lugar el s\u00e1bado 23 de noviembre, v\u00edspera de la solemnidad de Cristo Rey, en la parroquia de la Beata Teresa de Calcuta, en Z\u00e1rate, a las 18:00 hs. \u00a0Durante la celebraci\u00f3n, nuestro Obispo entronizar\u00e1 en el templo parroquial la estatua de San Manuel M\u00e1rtir, obra de Juan de la C\u00e1rcova.<\/p>\n<p><strong>Carta pastoral del Obispo de Z\u00e1rate-Campana, Mons. Oscar D. Sarlinga, con motivo del inicio del A\u00f1o de la Fe.<\/strong><\/p>\n<p>Estando muy cercanos a la conclusi\u00f3n del a\u00f1o de la fe, les compartimos esta carta escrita por nuestro Obispo, en octubre del 2012, cuando el a\u00f1o de la Fe, apenas comenzaba.<\/p>\n<p><em>Queridos hermanos y hermanas, con amor en Cristo les dirijo estas l\u00edneas, tan cercanos ya a la apertura del A\u00f1o de la Fe:\u00a0<\/em><br \/>\n<em>\u201cPuerta\u201d de la fe hacia Jesucristo, a la vez Luz y Camino . Jesucristo es Luz; la fe nos abre la puerta a su misterio, resumido por San Agust\u00edn con una bell\u00edsima expresi\u00f3n, cuando afirma: \u201c(&#8230;) aqu\u00e9llo que para los ojos del cuerpo es el Sol que vemos, lo es (Cristo) para los ojos del coraz\u00f3n&#8221; 1 . A la vez, el mismo Cristo, Luz de las gentes, de los pueblos, nos abre la puerta de la fe y nos llama a la perfecci\u00f3n del Padre (Cf Mt 5,48). Entonces, los invito a orar, para \u201cver\u201d, pues viendo el cr\u00edstico llamado a la perfecci\u00f3n, comprenderemos tambi\u00e9n c\u00f3mo el A\u00f1o de la Fe nos incentiva a redescubrir nuestro sentido de pertenencia y nuestra vinculaci\u00f3n con la Iglesia, y con el Papa, al cual, en la persona del Ap\u00f3stol Pedro, del cual es sucesor, ha confiado el ministerio de la unidad eclesial de todos los miembros y su \u201ctensi\u00f3n hacia\u201d la humanidad toda, en el llamado a la evangelizaci\u00f3n (Cf Mt 16, 18 ss; Lc 10, 16;7). Ser\u00e1 una manera en que asumamos mejor, m\u00e1s profundamente, nuestra misi\u00f3n de ser luz y sal, en un mundo, en un entorno humano que las necesita, aunque no siempre lo hace consciente.<\/em><br \/>\n<em>El Santo Padre Benedicto XVI, quien nos ha convocado al \u201cA\u00f1o de la Fe\u201d con la carta apost\u00f3lica \u201cPorta fidei\u201d, para un encuentro con Jesucristo y el contemplar la belleza de la fe en \u00c9l, realiza la apertura solemne el 11 de octubre, en el quincuag\u00e9simo aniversario de la apertura del Concilio Ecum\u00e9nico Vaticano II. En uni\u00f3n con \u00e9l, nosotros, como di\u00f3cesis, haremos la apertura el d\u00eda 12, en la festividad de Nuestra Se\u00f1ora del Pilar, e iniciaremos, con toda la Iglesia, un itinerario de fe, que culminar\u00e1 el 24 de noviembre de 2013, en la solemnidad de Nuestro Se\u00f1or Jesucristo, Rey del Universo, el \u201cautor y consumador de nuestra fe\u201d (Heb 12,2). En ese itinerario nos ayudar\u00e1 a todos el profundizar en el Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica, como \u00abaut\u00e9ntico fruto del Concilio Vaticano II\u00bb . Ya en la dimensi\u00f3n catequ\u00e9tica de las actividades en la di\u00f3cesis, en la \u201cMisi\u00f3n joven\u201d anual, que tanta alegr\u00eda nos trajo al coraz\u00f3n, y en todo el apostolado, hemos asumido revitalizar el itinerario de vida desde las ense\u00f1anzas del Catecismo.<\/em><br \/>\n<em>Los signos de los tiempos est\u00e1n, dirij\u00e1mos nuestra atenci\u00f3n a ellos. Muchos signos nos movilizan a ver c\u00f3mo Dios est\u00e1 actuando en nosotros, en nuestras comunidades, en nuestras vidas. El realismo de la esperanza (la teologal) nos hace ver, \u201cesperanzadamente\u201d todo lo que hay de \u201cmaravilloso y dram\u00e1tico\u201d en los tiempos en que nos toca vivir, en el \u201choy concreto\u201d. La Iglesia misma es consciente de los desaf\u00edos que la difusi\u00f3n de la fe ha de afrontar hoy, siempre vigente, como lo est\u00e1, la pregunta que el mismo Cristo nos ha formulado, a los hombres de todas las \u00e9pocas: \u00abCuando vuelva el Hijo del hombre, \u00bfencontrar\u00e1 fe en la tierra?\u00bb (Lc, 18, 8).<\/em><br \/>\n<em>Como vuestro Obispo, Pastor, amigo, les hablo, y saben que lo digo de coraz\u00f3n porque podemos afirmar que nos conocemos, cuando nos acercamos a los 7 a\u00f1os de este &#8220;caminar juntos&#8221; en esta di\u00f3cesis, luego de mi servicio anterior como obispo auxiliar. Con este esp\u00edritu, que tantas veces hemos compartido en nuestros consejos, asambleas, congresos, encuentros, celebraciones, los invito a trav\u00e9s de estas l\u00edneas, a \u201cmirar m\u00e1s all\u00e1\u201d, a mirar \u201chacia el mar\u201d, a fines de ponernos a navegar, y \u201cnavegar mar adentro\u201d tal como nos exhortaba a hacerlo el bienaventurado Papa Juan Pablo II, cual programa para todo el tercer Milenio.<\/em><br \/>\n<em>Con convicci\u00f3n, con humildad, los invito tambi\u00e9n, hermanos y hermanas, a experimentar y valorar c\u00f3mo la Iglesia nos abraza en este A\u00f1o de la Fe, muy especialmente, de modo tal que la fe pascual (es decir, la fe de la comunidad pascual, que somos) nos disponga con efusi\u00f3n de gracias divinas a transitar un camino personal y pastoral \u201cen Aqu\u00e9l que es el Camino\u201d. Esa fe pascual nos ilumina para un Camino que durar\u00e1 tanto como el \u201ctiempo de la Iglesia\u201d, e imprime tambi\u00e9n en nosotros una fuerza sobrenatural, proveniente de lo Alto, y por ello dadora de una fortaleza testimonial, irradiante, incluso hasta el martirio. \u00bfTendremos la \u201cosad\u00eda\u201d de pedir fortaleza para adentrarnos m\u00e1s y m\u00e1s en ese camino testimonial?.<\/em><br \/>\n<em>Porque ese camino prosigue, y prosigue pese a todas las cosas negativas que ocurren, importa menos, si en lugar de condenar las tinieblas (aunque sabiendo que existen) encendemos la luz. La fe pascual sigue iluminando, en continuidad, e iluminar\u00e1 mientras prosigan los tiempos hasta que trascendamos \u201cel tiempo\u201d. Nuestras solas fuerzas no bastar\u00e1n. S\u00f3lo la fe puede hacernos vencer el amor a nuestras seguridades humanas, el apocamiento, el instalamiento o incluso la perniciosa acedia (dicha \u201cpereza\u201d, pero habr\u00eda que profundizar m\u00e1s en lo que significa \u201cacedia\u201d). El orar de verdad nos dar\u00e1 fuerzas para dedicar nuestras vidas a esa &#8220;civilizaci\u00f3n del Amor&#8221;, por los m\u00e1s pobres, los excluidos, por la educaci\u00f3n promotora del ser humano, por la justicia que sane la sociedad desde dentro, por todas las iniciativas verdaderas en pro de la dignidad humana.<\/em><br \/>\n<em>La fe nos hace ver que abrazar la \u201cCruz pascual\u201d, da entrada (abre puerta) en nuestra vida a \u201cla humilde victoria\u201d (Cf 1 Jn 5,14) de vivir en el Esp\u00edritu, victoria tan desproporcionada, por otra parte, respecto de nuestra pobreza humana. S\u00f3lo la fe puede darnos la fortaleza, la constancia, la perseverancia, la paciencia, para estar dispuestos siempre y en todas partes a \u201cresponder\u201d (con el intelecto, con la vida, con el testimonio) a quien nos pida raz\u00f3n, causal, origen, de esa esperanza (aun contra toda \u201cesperanza humana\u201d) que habita en nosotros y que de nosotros ha de irradiar (Cf 1 Pe. 3,15). Es muy importante que cada uno de nosotros, cada uno seg\u00fan su vocaci\u00f3n y elecci\u00f3n, quiera \u201cresponder\u201d, esto es, hacerse \u201cresponsable\u201d.<\/em><br \/>\n<em>Puerta de la fe y la fidelidad para las obras del Amor<\/em><br \/>\n<em>La fe nos el poder ser fieles, nos hace amar la fidelidad. El A\u00f1o de la Fe, el segundo convocado por un Pont\u00edfice en la historia (habiendo sigo el primero el A\u00f1o de la Fe de 1968, convocado por S.S. Paulo VI) constituye, pienso, un gesto prof\u00e9tico, fiel y magn\u00e1nimo (palabra que proviene de \u201calma grande\u201d) puesto que, si estamos dispuestos, confiados y abiertos a la obra del Esp\u00edritu, recibiremos gracia tras gracia, para la \u201cconsumaci\u00f3n de nuestra fe\u201d, la que poseemos, o aquella cuyo aumento imploramos.<\/em><br \/>\n<em>\u00bfO no hemos pensado que nuestro testimonio de fidelidad tambi\u00e9n ayuda a confirmar en la fe a nuestros hermanos? (Cf Luc. 22, 32). La fidelidad es al Amor, como se manifest\u00f3 Dios a Mois\u00e9s (Cf. Ex. 3, 14); y Dios es Amor, como nos lo ense\u00f1a el Ap\u00f3stol Juan (Cf I Jn 4, 8).<\/em><br \/>\n<em>No tengamos miedo (\u00a1recordemos la primera exhortaci\u00f3n que nos hiciera Juan Pablo II al salir, como Papa, a la balconada de San Pedro, y asimismo la primera llamada que, en la misma circunstancia, nos hiciera Benedicto XVI!) . Recibiremos gracia tras gracia para profundizar en el \u201ccontenido de la fe\u201d que la Iglesia nos propone para creer. Recibiremos gracias para crecer en la fidelidad al Dep\u00f3sito della fe (Cf 1 Tim. 6, 20), ese \u201cdepositum\u201d cuyo dinamismo interior mover\u00e1 nuestras conciencias a profundizarlo, a redescubrirlo como fundamento viviente que podr\u00e1 dar expansi\u00f3n a nuestra \u201cfe puesta en obra\u201d (el \u201ccredere in Deum, de San Agust\u00edn).<\/em><br \/>\n<em>En lo concreto, en lo pr\u00e1ctico de nuestras vidas, me lo digo y los exhorto al mismo tiempo, pongamos cada d\u00eda m\u00e1s nuestro \u00e1nimo, fundados en Cristo, Redentor del hombre, al servicio de la evangelizaci\u00f3n (de la &#8220;nueva evangelizaci\u00f3n&#8221;), y de la \u201ccivilizaci\u00f3n del Amor\u201d. Y esto con ese sentido de \u201cinvitaci\u00f3n prof\u00e9tica\u201d, a la que se refiri\u00f3 el mismo Papa Benedicto, precisamente aludiendo a su predecesor mencionado, cuando destac\u00f3 \u201c(&#8230;) su invitaci\u00f3n prof\u00e9tica, muchas veces propuesta, a renovar el mundo perturbado por inquietudes y violencias, mediante &#8220;la civilizaci\u00f3n del amor\u201d2. As\u00ed, como vemos, la fe es \u201cpuerta\u201d y \u201cabre puertas\u201d para anunciar el Evangelio \u201ca toda creatura\u201d (Cf Mc 16, 15). Nuestra opci\u00f3n por la Misi\u00f3n, nuestros gestos diocesanos misioneros, y la dimensi\u00f3n misionera de toda nuestra pastoral, m\u00e1s que obras nuestras, son manifestaciones de esa gran \u201cPuerta\u201d.<\/em><br \/>\n<em>Fe, esperanza, significa tambi\u00e9n hacer un acto de confianza. Abrimos la puerta de la fe para ver la Epifan\u00eda del Padre, Jesucristo, el Sol de Justicia, quien nos llama a habitar tambi\u00e9n nosotros, misteriosa y participativamente, \u201cen una luz inaccesible\u201d (Cf 1 Tim. 6, 16), la cual, lejos de aislarnos, nos ilumina, vivifica, protege y gu\u00eda, porque lo hace con la Iglesia, la germinaci\u00f3n y primicia del Reino de Dios, por medio del cual contin\u00faan, en la trama de la historia humana, la obra y los dolores de la Redenci\u00f3n, y que aspira a su consumaci\u00f3n, en la gloria3. Mientras tanto, esa luz \u201cresplandece en el rostro de la Iglesia\u201d4 , la cual tiene como misi\u00f3n hacernos part\u00edcipes del Misterio d ella Muerte y Resurrecci\u00f3n de Cristo, en la gracia del Esp\u00edritu Santo, que le da vida y acci\u00f3n 5. La Iglesia santa nos da los sacramentos que emanan de la plenitud de Cristo 6; si una \u201cno-plenitud\u201d hay en nosotros, los miembros, proviene de los pecados y de los des\u00f3rdenes que impiden u obstaculizan la irradiaci\u00f3n de esa santidad, 8<\/em><br \/>\n<em>El Se\u00f1or nos reformula la pregunta, en este A\u00f1o de la Fe, tambi\u00e9n a nosotros, como lo hizo con Pedro: \u201cY ustedes, \u00bfqui\u00e9n dicen que soy yo?\u201d (Mc 8, 27-29). Si pedimos la fuerza para responder, como Pedro: \u00abT\u00fa eres el Cristo\u00bb dispong\u00e1monos tambi\u00e9n para llevar esa fe a la pr\u00e1ctica, pues esa &#8220;confesi\u00f3n&#8221; exige actos concretos, como se\u00f1ala el ap\u00f3stol Santiago: \u00abYo con mis obras, te mostrar\u00e9 la fe\u00bb (St. 2,18). Se trata de asimilar m\u00e1s y m\u00e1s la relaci\u00f3n de fe y obras, de discernir lo que el Se\u00f1or quiere cuando &#8220;espera&#8221; de nosotros, un &#8220;testimonio evangelizador&#8221; para los dem\u00e1s, los que se sienten alejados, desalentados, sin razones de creer o de esperar, los que se sienten abandonados. Viendo la fe que se hace amor, ellos ver\u00e1n -dec\u00eda- la \u201cnovedad\u201d real de la obra redentora de Cristo (Cf. 2Cor 5,17), y esto con plena conciencia de la soberan\u00eda de Dios, quien, a \u00c9l solo, le corresponde la iniciativa misericordiosa (cf. 2Cor 5,18-20; Col 1,20-22). S\u00f3lo Cristo es &#8220;el salvador de su cuerpo\u201d (Ef 5,23) y por consiguiente de cada uno de nosotros. \u00bfY nuestra parte, d\u00f3nde est\u00e1?. Somos administradores, servidores reconciliados. La paz nos la da Cristo (cf. Ef 2,14), puede ser la ocasi\u00f3n de \u201cdegustar\u201d m\u00e1s el Padrenuestro: \u201cvenga a nosotros tu Reino&#8230;. H\u00e1gase tu voluntad\u201d. <\/em><br \/>\n<em>Con Mar\u00eda, la Madre, puerta de la fe hacia la evangelizaci\u00f3n, la reconciliaci\u00f3n, la perfecta alegr\u00eda, hasta que el Se\u00f1or vuelva<\/em><br \/>\n<em>Con Mar\u00eda Madre de la Iglesia, sint\u00e1monos \u201cpiedras vivientes\u201d (Cf. 1 P 2, 4-8) del su edificio espiritual, pastoral. La indiferencia no ayuda para nada, y tampoco el fingido distraimiento, el &#8220;mirr para otro lado&#8221;. La actitud profunda, real, vivida, de servicio, es, en cambio, un elemento fundacional de la identidad de los disc\u00edpulos de Cristo (Cf. Jn. 13,15-17). No todo va a ser f\u00e1cil, no transitaremos por caminos alfombrados por p\u00e9talos de rosa&#8230; \u00bfQui\u00e9n sue\u00f1a eso?. Debi\u00e9ramos leer y meditar m\u00e1s a San Pablo, por ejemplo cuando nos dice: \u00abConfiados en nuestro Dios, tuvimos la valent\u00eda de predicarles el Evangelio de Dios, entre frecuentes luchas\u00bb (1 Ts 2,2,). Luchas, existir\u00e1n. Pero el car\u00e1cter viviente de la Tradici\u00f3n nos anima, porque nos gu\u00eda la Iglesia con la asistencia del Esp\u00edritu Santo 9. Seamos d\u00f3ciles a la ense\u00f1anza del Esp\u00edritu, sint\u00e1monos acompa\u00f1ados por Mar\u00eda Sant\u00edsima, la Nueva Eva, la Madre de la Iglesia 10, Madre del Cuerpo m\u00edstico de Cristo, a la vez comunidad visible y comunidad espiritual.<\/em><br \/>\n<em>Mar\u00eda es, en cierto sentido, \u201cRoca\u201d de piedad, de misericordia, imagen perfecta de la Iglesia. Por ello nos lleva a la fidelidad a la Iglesia, a ayudar a construirla, en especial para con quienes m\u00e1s lo necesitan, los que sufren, los m\u00e1s pobres, aquellos que esperan que Dios les muestre (y que quiz\u00e1, para ello, esperen m\u00e1s de nuestro testimonio) las bienaventuranzas prometidas por Jes\u00fas. Pedro es la Roca. El Papa, que ha convocado el A\u00f1o de la Fe, en tanto el Sucesor de Pedro es llamado por San Buenaventura el \u201cVicario de la Roca\u201d. En la Biblia, en la hermosa lengua hebrea, la ra\u00edz de \u201croca\u201d es la misma que la de \u201cfe\u201d, \u201cfidelidad\u201d, \u201cverdad\u201d, e incluso \u201cjusticia\u201d, no es el momento de detenernos ahora en ello, s\u00f3lo recordemos que el Amor pide fidelidad, como le pidi\u00f3 Jes\u00fas a Pedro, \u201cVicarius Petrae\u201d (en la expresi\u00f3n bonaventuriana) 11 , como lo prometimos tambi\u00e9n en tanto comunidad diocesana en la clausura del A\u00f1o Paulino Jubilar, cuando, antes de concluir la misa, dejamos encendida una llama votiva junto a la imagen de San Pablo.. En esa oportunidad dijimos que uno de los frutos de ese A\u00f1o Jubilar deb\u00eda ser la profundizaci\u00f3n de la \u00abconversi\u00f3n pastoral\u00bb de la que habla el Documento de Aparecida, y que esta conversi\u00f3n espiritual comporta, por tanto, dejar de buscarse exclusivamente o principalmente a s\u00ed mismo, y, en el decir del Ap\u00f3stol, \u00abrevestirse de Cristo\u00bb y entregarse a \u00c9l, caminando en una \u00abvida nueva\u00bb (Cf Rm 6, 3s). Traig\u00e1moslo hoy tambi\u00e9n al \u201ccoraz\u00f3n\u201d, eso es \u201cre-cordar\u201d, la &#8220;memoria rencorosa&#8221; de nada sirve, al contrario, lo que sirve es la memoria clemente.<\/em><br \/>\n<em>Dos grandes testigos, San Pedro y San Pablo nos acompa\u00f1ar\u00e1n muy de cerca en este A\u00f1o de la Fe. A ellos les confiamos nuestro Seminario diocesano, que lleva su patronazgo, y les suplicamos tambi\u00e9n su intercesi\u00f3n, la de la \u201cconfesi\u00f3n de fe\u201d, y la del \u201cbuen combate\u201d: \u201cHe aqu\u00ed a Pedro, que renueva en los siglos la gran confesi\u00f3n de Cesarea de Filipo; he aqu\u00ed a Pablo, que desde la cautividad romana deja a Timoteo el testamento m\u00e1s alto de su misi\u00f3n. Repetido ante la Iglesia y ante el mundo: \u201cT\u00fa eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo\u201d (Mt. 16, 16); tambi\u00e9n, como Pablo, sentimos de poder decir: \u00abHe combatido el buen combate, termin\u00e9 mi carrera, he conservado la fe\u00bb (2 Tim. 4, 7)\u201d. 12<\/em><br \/>\n<em>Una \u00faltima palabra, algo que deseo ardientemente para todos nosotros, en este A\u00f1o bendito, el que seamos instrumentos de la paz de Cristo (en el esp\u00edritu de la &#8220;oraci\u00f3n simple&#8221;, atribuida a San Francisco de As\u00eds), que &#8220;nos dejemos reconciliar por Dios&#8221;. Es verdad que en este mundo no abunda la piedad (\u201cpietas\u201d) ni la clemencia, y puede que esto tambi\u00e9n suceda en los ambientes en que nos toca existir. Pero donde haya odio, pongamos amor, donde haya ofensa, pongamos perd\u00f3n. Hag\u00e1moslo creyendo de veras en la eficacia de la \u201cnovedad\u201d cristiana, creamos, primero, que Jes\u00fas &#8220;hace nuevas todas las cosas&#8221;. Se manifestar\u00e1 nuestro creer si nos disponemos cada d\u00eda, con la gracia de Cristo, a \u201cvolver a a vivir\u201d, \u201cvolvier a a empezar\u201d, aunque hayamos sufrido injuria, detrimento o maleficencia. M\u00e1s bien, desde la fe, y esperando, incluso &#8220;contra toda humana esperanza&#8221; incorporemos de verdad a nuestra existencialidad y nuestra espiritualidad la exclamaci\u00f3n operante de San Pablo: \u00abvivo yo, pero ya no vivo yo, sino que \u00abCristo vive en m\u00ed\u00bb (Gal 2, 20)\u201d. Por \u00c9l obtuvimos la reconciliaci\u00f3n; entonces, &#8220;no tenemos derecho&#8221; a que la alegr\u00eda se vaya de nuestros corazones, de nuestras vidas, de nuestras familias, de nuestras comunidades, y esto as\u00ed, &#8220;hasta el tiempo de la restauraci\u00f3n de todas las cosas&#8221; (Hch 3,21).<\/em><br \/>\n<em>Todo pasa tan r\u00e1pido&#8230; Todo se pasa, Dios no se muda, como real\u00edstica y m\u00edsticamente dec\u00eda Santa Teresa de Jes\u00fas. Un signo de salud espiritual, del buen fruto de este A\u00f1o, ser\u00e1 el vivir la alegr\u00eda de la fe, &#8220;virtud-puerta&#8221;, como la llama Santo Tom\u00e1s de Aquino; puerta a horizontes infinitos. Viv\u00e1mosla con Mar\u00eda, la Virgen, que deshace toda la complicada tejedur\u00eda con la que el maligno puede intentar enredarnos y as\u00ed, entristecernos y procurar frustrar, en lo particular, nuestra vocaci\u00f3n a la santidad. . Para ello, seamos &#8220;d\u00f3ciles&#8221; (&#8220;docilis&#8221; es el que se deja ense\u00f1ar&#8230;) Dej\u00e9monos, d\u00f3cilmente, tomar de la mano por Mar\u00eda, la creatura m\u00e1s perfecta y la m\u00e1s humilde, la \u201cVirgen poderosa\u201d, Aqu\u00e9lla Mujer, revestida de Sol (Cf Ap 12.1) que \u201c(&#8230;) recapitula en s\u00ed todas las alegr\u00edas; Ella vive la alegr\u00eda perfecta prometida a la Iglesia\u201d 13<\/em><br \/>\n<em>Feliz y Santo A\u00f1o de la Fe.<\/em><br \/>\n<em>+Oscar, Obispo de Z\u00e1rate-Campana 8 de octubre de 2012<\/em><br \/>\n<em>1 SAN AGUST\u00cdN, Sermo 78, 2: PL 38, 490.2 Benedicto XVI, Discorso di Sua Santit\u00e0 ai membri dell Istituto Paolo VI, 3 marzo 2007.3 Cf CONC. ECUM. VAT. II, Const. dogm. Lumen gentium, 8 y 5.4 Cf. CONC. ECUM. VAT. II, Constituci\u00f3n pastoral sobre la Iglesia en el mundo contempor\u00e1neo Gaudium et spes, 15 Cf CONC. ECUM. VAT. II, Const. Sacrosanctum Concilium, 5, 6; Cf Id. Lumen gentium, 7, 12, 50.6 Cf. CONC. ECUM. VAT. II, Const. dogm. Lumen gentium, 7, 11.7 Cf. CONC. ECUM. VATICANO I, Cost. Pastor \u00e6ternus, cap. 3: DS 3060.8 Benedicto XVI, Discorso per la presentazione degli auguri natalizi alla Curia romana, 22 dicembre 2011.9 Cf CONC. VATICANO II, Cost. Dei Verbum, n. 8, Cf. CONC. VATICANO I, Cost. Dei Filius, cap. 4: DS 3020.10 Cf. CONC. ECUM. VAT. II, Const. dogm. Lumen gentium, 53, 56, 61, 63.11 San Buenaventura, Quaet. Disp. De per\/. Evang., q. 4, a. 3, de. Quaracchi, V. 1891, p. 195. 12. Cf Paulo VI, Omelia di Sua Santit\u00e0 nel XV Anniversario dell incoronazione del Papa, Basilica Vaticana, Solenit\u00e0 dei SS Apostoli Pietro e Paolo, 29 giugno 1978.13.Paulo VI, Exh. Apost. \u201cGaudete in Domino\u201d, IV, La gioia nel cuore dei santi.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0<\/em><\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La clausura diocesana del A\u00f1o de la Fe, convocado por S.S. 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