Diócesis de Zárate – Campana

LA NACIÓN: 12 de abril de 2020 

Coronavirus en la Argentina: cómo enfrenta la Iglesia la falta de recaudación en las colectas

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El cardenal Mario Poli, junto a los obispos Joaquín Sucunza y Enrique Eguía Seguí y el padre Alejandro Russo, realizó las celebraciones de Semana Santa en un Catedral vacía.

No solo en el Estado son limitados los recursos para enfrentar la pandemia del coronavirus. También la Iglesia ve reducidos sus ingresos: al no celebrarse misas, caen las colectas, justo cuando más crecen los pedidos de ayuda en alimentos y otras urgencias sociales. Por eso se despliegan estrategias para concientizar a los fieles de que son ellos mismos los que sostienen el trabajo cotidiano de la Iglesia y no el Estado, ni el Vaticano.

De las 180 parroquias porteñas, unas 50 transmiten misas sin público por las redes sociales. Y, ante la imposibilidad de recolectar fondos con la tradicional limosna, muchas habilitan la posibilidad de recibir donaciones en cuentas bancarias, para afrontar los gastos.

“Es cierto, ante la falta de fieles, el aporte económico es una fuerte preocupación. No es, como muchos creen, que a las parroquias las sostiene el Estado. Los sacerdotes viven de los aportes de los feligreses y hay que pagar todos los servicios: agua, luz, gas, teléfono, incluso la nafta, además de solventar las obras de caridad y ayudas solidarias”, reveló a LA NACION monseñor Enrique Eguía Seguí, uno de los obispos auxiliares de Buenos Aires.

Coronavirus hoy en la Argentina y en el mundo: minuto a minuto y las novedades:

Varias parroquias atienden comedores -ante el aislamiento obligatorio, la mayoría funciona con viandas- y las demandas crecen. Mucha gente, a pesar de todo, deja alimentos y así se cubren asistencias solidarias.

La Redonda, de Belgrano, San José de Flores y Caacupé de Caballito, entre muchas otras, mantienen una activa tarea solidaria. En estos días, además, comenzaron a funcionar vacunatorios en 15 parroquias y la Arquidiócesis de Buenos Aires ofreció alojamientos en casas de retiro y en iglesias grandes. Cáritas mantiene 400 camas para que la gente no salga y en muchos casos se duplica el gasto de alimentos, a lo que se suman los aportes en comida y elementos de primera necesidad que envía el gobierno de la Ciudad para distribuir a los pobres.

“Es prematuro aún para evaluar la respuesta que vienen teniendo las donaciones por vía electrónica. Algunas parroquias, incluso, recibieron aportes mediante los QR de empresas que ofrecen transacciones online”, advirtió Eguía Seguí, que acompaña al cardenal Mario Poli como vicario episcopal de Pastoral en la Arquidiócesis de Buenos Aires.

“Hay casos con resultados positivos, pero depende mucho de los barrios. Para quienes están en ámbitos socioculturales acostumbrados a manejar tarjetas de crédito y operaciones online, es un sistema fácil y sencillo. No ocurre lo mismo en parroquias de sitios más populares y de sectores sociales no familiarizados con el home banking y otras herramientas”, prosiguió, “Es cierto, ante la falta de fieles, el aporte económico es una fuerte preocupación. No es, como muchos creen, que a las parroquias las sostiene el Estado” Monseñor Enrique Eguía Seguí.

En la Iglesia estiman que con estas nuevas modalidades cubren entre un 40% y un 60% de la recaudación habitual, principalmente en los lugares de mayor movilidad con sistemas electrónicos y ámbitos culturales con mayor poder adquisitivo.

En el Arzobispado estudian, incluso, los modos de diferir algunos pagos. Analizan si es aplicable a las parroquias y colegios el DNU que permite postergar por un período las cargas sociales de los empleados, conseguir créditos blandos con intereses bajos en los bancos y fomentar colectas en instituciones grandes, como Cáritas, para sostener las obras.

Las cuentas en las parroquias

“Con el paso del tiempo, la situación se hará más urgente en las parroquias que están en barrios con menos recursos económicos”, pronosticó Eguía Seguí, ante el avance del confinamiento.

Según pudo saber LA NACION, una dificultad en algunas parroquias es el pago de sueldos, especialmente en las más grandes, que tienen entre 5 y 12 empleados. “Todos en blanco, con las cargas sociales correspondientes”, aclararon en la Curia metropolitana.

“Son iglesias abiertas todo el día, con seguridad en la puerta y gente que atiende servicios necesarios. Es cierto que la mayoría de las parroquias se maneja con el voluntariado. Pero todas tienen, al menos, uno o dos empleados, con cargas sociales cubiertas”, explicó el obispo auxiliar.

Mientras tanto, la atención pastoral sigue entre las prioridades. “Tuvimos tres capellanes de hospitales internados con síntomas de coronavirus. A dos de ellos, el análisis les dio negativo y el tercero está esperando el resultado del hisopado, pero los tres están reponiéndose y cumple la cuarentena en sus casas”, anticipó el obispo. La arquidiócesis rearmó el Servicio Sacerdotal de Urgencia para ampliar la asistencia espiritual de los enfermos. Unos 35 capellanes y otros 30 sacerdotes voluntarios están disponibles todo el día.

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Los Obispos Oscar Ojea y Monseñor Caride

En una reciente encuesta presentada en el Episcopado la consultora Voices!, con 2790 personas, el 67% de las personas se declararon católicas y tres de cada diez dijeron que van seguido a la iglesia: el 16% semanalmente y el 13%, una vez al mes. El 49% lo hace con menos frecuencia y el 22% no va nunca. La encuesta también reveló que el 36% de los católicos aporta siempre en la colecta, el 20% algunas veces y el 44% nunca.

El 38% declaró que donaría dinero para ayudar a los más necesitados y colaborar con el mantenimiento de las iglesias. Proyectado, ese porcentaje representa un universo de 8,3 millones de personas, según los responsables del estudio.

Contrastes sociales

En San Isidro, donde conviven realidades sociales con fuertes contrastes, varias parroquias de barrios acomodados ceden habitualmente el 12% de sus colectas al Obispado, para gastos de la diócesis. Existe un fondo parroquial para sostener a las capillas pobres y aportes a sacerdotes que atienden barrios vulnerables.

Monseñor Guillermo Caride , obispo auxiliar de San Isidro, preside la comisión formada por el Episcopado para el Sostenimiento de la Acción Evangelizadora de la Iglesia, cuyo objetivo es hacer sustentable la obra apostólica, avanzar en la transparencia y que la gente tome conciencia de su compromiso para sostener el culto.

Uno de los que más avanzó en nuevas estrategias para superar las restricciones económicas es el obispo de Zárate-Campana, Pedro María Laxague , uno de los primeros en renunciar a los aportes del Estado. Su diócesis comprende los partidos bonaerenses de Baradero, Campana, Escobar, Exaltación de la Cruz, Pilar, San Antonio de Areco y Zárate, una extensión de centros urbanos, countries, zonas rurales y villas.

En esta emergencia sanitaria animó a donar por Internet en las misas online, clases virtuales, charlas y retiros a distancia. “Depender de los fondos del Estado no es una opción. La cuarentena despertó esta necesidad en medio de la urgencia”, explicó Marcelo Cancelliere , padre de dos jugadores de rugby y activo colaborador en la administración de la diócesis.

El objetivo es que cada parroquia pueda sustentarse y se puedan derivar aportes a una iglesia determinada. Se lanzó una campaña en redes y se difundieron flyers, en medio de la cuarentena, con la leyenda “Tu limosna sí puede salir de casa”, para activar el compromiso de los fieles en la acción evangelizadora de la diócesis.

“La comunidad tiene que saber cuánto se recauda y cuánto se gasta en la parroquia. Es el mejor modo para que los católicos tomen conciencia de que su aporte es vital para el sostenimiento de la Iglesia”, expresó Cancelliere.

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Por: Mariano De Vedia – Diario La Nación.

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