Los Reyes Magos: Padre Mamerto Menapace

Compartimos esta relato sobre la Epifanía del Señor del reconocido Padre Mamerto Menapace

LOS REYES MAGOS

San Mateo, al comenzar su segundo capítulo del evangelio, nos dice: —Después de que Jesús nació en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes, llegaron a Jerusalén unos sabios (magos) procedentes del Oriente.

Pero muy desde los inicios la imaginación y la leyenda se apoderaron de este simpático relato y lo adornaron con detalles que hoy nosotros tenemos plenamente incorporados a esta fiesta tan querida de nuestra infancia. Con camellos incluidos. Porque era lógico que si vinieron de Oriente y desde tan lejos por desiertos sin agua, en lo único que podrían haber llegado era en estos aguantadores animalitos.

Pronto algunos escritores que hoy los entendidos llaman “apócrifos” volvieron a relatar el suceso y lo completaron con detalles. Así se dijo que eran tres. Y que eran Reyes, y hasta se les puso un nombre: Gaspar, Melchor y Baltasar. Y aprovechando de los conocimientos que se tenían entonces de las razas humanas, cada uno de los tres vino a ser de una etnia diferente. Y ganó prestigio el Negro Baltasar. Por eso tenemos nosotros en el norte litoraleño la hermosa fiesta de San Baltasar: el Cambá-Cuá, que se festeja los seis de enero. Los esclavos negros traídos del África, vieron en aquel personaje a alguien de los suyos que estuvo entre los primeros que reconocieron al Salvador recién nacido en Belén. El Negro Baltasar los habría así precedido representándolos a todos junto al pesebre, y habría recibido la primera sonrisa del Niño Jesús, que ahora sentían como dirigida a ellos.

Los cristianos del Oriente, en cambio, ven en esta fiesta en primer lugar lo que llaman Epifanía. Es decir: revelación. Y es uno de los tres acontecimientos que celebran en una sola fiesta: La llegada de los magos, el Bautismo de Jesús en el río Jordán, y la Conversión del agua en Vino en las bodas de Caná. Y en ese orden:

- En los Magos, Jesús se reveló a los paganos, que no eran judíos, pero que guiados por una estrella reconocieron en el pequeño al esperado Mesías.

-En el Jordán, el Profeta Juan el Bautista lo reveló a su pueblo, mediante la venida del Espíritu Santo que descendió sobre Jesús en forma de paloma, y que el Padre confirmó desde el Cielo con su Palabra al declararlo su hijo amado.

-Y finalmente Jesús se reveló a los discípulos (nosotros, la Iglesia, los cristianos) pero necesitó hacerlo mediante seiscientos litros de vino y del bueno. Evidentemente Juan el Evangelista, que nos cuenta este tercer acontecimiento, está pensando en la Eucaristía, que es donde Cristo se nos revela a los cristianos.

Como ven, mis queridos hermanos, en este seis de enero no celebramos sólo la alegría infantil de los niños que reciben regalos. Celebramos fundamentalmente la revelación de la que nos habla San Juan en el capítulo tercero de su evangelio: cuando nos dice que tanto amó Dios al mundo, que nos envió a su Hijo, no para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él.

+Mamerto Menapace

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