Diócesis de Zárate – Campana

Cristo está realmente presente en la Eucaristía, en la Iglesia como Cuerpo y Pueblo, y en cierto sentido en toda la humanidad, en tanto que “vocacionalmente” es la Iglesia.

El domingo 2 de junio se festejó en la iglesia catedral de Santa Florentina, en Campana, y en otras comunidades de la diócesis, tales como en Zárate, en la cocatedral de Belén de Escobar, en Pilar y Baradero, la solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo (Corpus Christi), en unión con el Papa Francisco y sus intenciones. En la homilía de la Misa Mons. Oscar Sarlinga dijo que la presencia de Cristo es real y eminente en la Eucaristía, en su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, y que está presente, en una dimensión a la que penetran los ojos de la fe, en la Palabra, en los hermanos y hermanas, y en especial en los que sufren, en los más pobres y excluidos, e incluso en los que han perdido la fe y la esperanza, pero que tienen como marcado en el “código genético espiritual” la tendencia hacia Él”. “Presente -añadió- en la humanidad toda, incluso en los no creyentes o en aquellos que son contrarios, en el sentido como lo dijo el P. Yves Congar, perito del Concilio Vaticano II, quien expresó en una idea que ha de ser precisada, sí, pero que es fundamentalmente de una gran intuición: “como que la humanidad en un sentido es la Iglesia, en el sentido vocacional, “vocacionalmente es la Iglesia”, tal lo menciona en su obra “Un pueblo mesiánico”. Esto da fuerza a la “misión”, porque precisamente por ello la Iglesia está llamada a la misión, su esencia es la misión, su gozo y su dulzura, para extenderse como el Cuerpo y como el Pueblo, congregados y congregantes para formar un solo Cuerpo, con un solo Señor”, como nos ha pedido que lo meditemos y recemos el Papa Francisco. “Y, ¿dónde está la presencia en los que sufren?. Fijémonos en los que tenemos al lado, incluso en nuestras familias, fijémonos en un acto de conversión en aquellos a los que nosotros mismos hacemos sufrir, o que padecen de nuestra indiferencia o abandono… Empezando por allí están los que sufren, y de todos, de todos tenemos que sentirnos deudores, y no sólo corresponsables, deudores, hacia aquellos que han perdido la fe, que ya no encuentran razones para la esperanza” -acotó- . El párroco de la catedral y vicario general, Mons. Ariel Pérez, en su mensaje al término de la misa relacionó el contenido de la homilía de Mons. Sarlinga con la exhortación a sentirnos “todos” parte de Caritas, y a recordar cómo la diócesis está preparando la colecta anual, para el próximo fin de semana. A ese respecto, en el marco de la solidaridad que ha querido imprimírsele a la fiesta del Corpus en la diócesis, en la tarde anterior, vísperas del Corpus Christi, Mons. Oscar Sarlinga, acompañado por el vicario general, Mons. Ariel Pérez, y por un grupo de consagrados, había hecho la visita pastoral itinerante en distintas comunidades barriales pastorales de los Padres Salesianos, que tienen “comunidad de inserción” en un barrio de Zárate, y están encargados de la parroquia de San José Obrero. Junto con el Padre Carlos Barbero, SDB, catequistas, agentes pastorales que acompañaron, el obispo visitó el centro “Nuestra Señora de Guadalupe, del barrio “La Ilusión”, de muy delicada situación social, La Medalla Milagrosa, distintos centros en casas de familias y comunidades de base, y concluyó en el centro “San Francisco de Sales”, junto al P. Bruno SDB, en visita a los talleres solidarios, y luego para las confirmaciones de jóvenes y algunos adultos del lugar y de barrios aledaños.

La asistencia a la misa de 11 del Corpus Christi en la catedral de Santa Florentina fue multitudinaria, y asimismo en la procesión, con el lema “Cristo camina a nuestro lado”, que siguió por las calles contiguas, con tres “estaciones”, que evocaban las intenciones del Papa Francisco. En una de ellas, los niños habían reproducido en tamaño natural una “barca” que simboliza la barca de Pedro y la barca que es la Iglesia. También estuvo representada Caritas, y la Liturgia como “fuente y culmen”, en el marco del Año de la Fe. Para la adoración al Santísimo que subsiguió, simultánea con todo el mundo por pedido del Papa, hubo una presencia muy marcada de familias, y en especial de jóvenes, quien luego de la bendición final con el Santísimo y la culminación del rito, se quedaron largo tiempo más en la cripta de la catedral para seguir orando y con cantos de alabanza al Santísimo.

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